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Homilía

Homilía del 6 de julio de 1981

00:00 / 01:04

Charla ID:

1981.07.05.H

Título:

Vivir en el Espíritu del Señor

Duración:

0:10:27

Temas:

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Palabras Clave:

Fecha Litúrgica:

Domingo 14º del Tiempo Ordinario (A)

Texto Bíblico:

Rom 8: 9, 11-13

Comentario:

El Padre comenta la segunda lectura del domingo, el pasaje de la carta a los Romanos. El Espíritu del Señor vive en nosotros. Somos templos del Espíritu Santo. Debemos vivir según el Espíritu de Jesús. Informa el cuerpo y todo nuestro ser y todas nuestras acciones y pensamientos sean según Jesús. A nuestro lenguaje traducido, significa vivir a lo fino, según lo que hemos dicho en la mañana. Es lo contrario a vivir a lo basto o a lo bestia. Si vivimos las virtudes, nos abrimos a todo lo bello de la creación. Y así llevamos un adelanto o primicias de las alegrías del cielo. Viviendo bastamente, sin dejarnos informar por el Espíritu de Jesús, en el pecado llevamos la penitencia. El otro día leía el Padre un fragmento en el cual hablando de la unión conjugal entre el hombre y la mujer, y el placer que Dios ha puesto, Santo Tomás de Aquino con su dosis de sentido común, se reía de aquéllos santos que decían que Adam y Eva antes de la caída no podían haber experimentado la alegría del amor entre el hombre y la mujer. Esos santos decían que esa alegría o placer era fruto del pecado original. Pero el placer y el gusto no era consecuencia del pecado y antes del pecado original esos sentimientos eran finos y el hombre tenía dominio de su cuerpo. La sensibilidad ahora después del pecado está inclinada a lo basto. Hasta los mismos sufrimientos le ponen en la alegría. El sufrimiento no tiene que ver nada con la amargura. El sufrimiento nos hace amar más a Dios y nos hacen ser más sensibles. Y podemos escuchar el diálogo de la creación, las flores, los animales. El espectáculo de la naturaleza. Todo es un diálogo. Y todo nos lleva a Dios. Los sentidos se hacen más abiertos. Me admira la sensibilidad que tienen para el arte los grandes hombres o los grandes amantes, como decía Gilson en el último libro que os he estado comentando. Estos hombres hacían realidad lo que decía el Señor: "Yo he venido para que tengan vida..." En cambio el basto vive una vida sin aristas, sin relieve. Estas vidas son altamente mediocres y en el pecado llevamos la penitencia. Cuando San Pablo nos exhorta a que vivamos según el Espíritu nos está exhortando a esta serie de cosas. Es darse cuenta de los sufrimientos de nuestros hermanos, más que de los sufrimientos del tercer mundo. Si vivimos en el Espíritu, esto nos llevaría a ser poetas. La felicidad está en perder la propia vida.

Comentario Técnico:

Buena calidad de sonido

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