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Homilía

Homilía del 10 de octubre de 2011

00:00 / 01:04

Charla ID:

2011.10.09.H

Título:

La distinción entre al amor humano y el amor divino

Duración:

0:55:02

Temas:

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Palabras Clave:

Fecha Litúrgica:

Domingo 17º después de Pentecostés

Texto Bíblico:

Mt 22: 34-46

Comentario:

El Padre narra el evangelio a su modo. Los dos mandamientos primeros. A lo largo de toda mi vida, este episodio me dejo en la mayor de las perplejidades. Yo he comprobado la escasa importancia que le hemos dado a este mandamiento. O bien nuestro amor es ligero o superficial, o bien Dios es una entidad que pasa indiferente a gran parte de la humanidad. La manifestación del amor de Dios hacia nosotros. Dio su vida por nosotros. La tesis de San Pablo de un justo que esté dispuesto a dar la vida por un pecador. Somos hijos de Dios gracias a Él. Este primer mandamiento parece una utopía. Solo los santos han sido capaces de responder a este amor. El amor no es cualquier cosa. Es la mayor realidad en el universo. "Dios es Amor". El amor infinito es Dios. Y hemos sido participantes de este amor. Da sentido a nuestra existencia. No tenemos ciudad permanente. Pensemos en el amor humano: no me refiero a las aberraciones del amor humano. En el amor humano, tampoco se da un amor superficial. El amor de un padre por sus hijos, o de una madre por sus hijos. Hoy en la sociedad actual, desgraciadamente sí se da un amor superficial entre padres e hijos. El amor humano es una lejana participación del amor divino. El amor humano es excluyente, el amor divino es incluyente. El amor humano es limitado, el divino, ilimitado. El amor humano no llega a la totalidad, pero el amor divino es en totalidad. Las expresiones del amor humano son metafóricas: "Mi vida". En el divino, son realidades, "El que come mi carne..." El amor siempre es de persona a persona. "Mi amado es para mí y yo so y para mi amado". Pero esto nos suena tan extraño. Dios se nos ha dado en totalidad. "Nosotros poseemos el pensamiento de Cristo". "Él es nuestra vida". Distinción entre el amor a Dios y el amor al prójimo. "Como el Padre me amó a mí, así os he amado yo". "Habiendo Jesús amado a los suyos que estaban en el mundo..." Dios está enamorado de nosotros. La nostalgia de la persona amada. El diálogo de la relación amorosa. Dios quiso comprender nuestros sufrimientos para hacernos sentir que esos sufrimientos tienen sentido. "Yo estaré con vosotros hasta la consumación..." El amor que Dios nos tiene no es colectivo. Dios hubiera dado la vida por mí solo si hubiera sido necesario. "Nadie demuestra más amor..." "Tomo sobre sí nuestras iniquidades..." Y nosotros, con indiferencia. En el libro sagrado, Cantar de los Cantares, libro poético, Dios quiere hacerse entender por nosotros con lenguaje humano: "Como manzano entre los árboles silvestres..." Metáforas que son expresión de lo que quiere decir nuestro corazón. El Esposo también lo expresa así: "Como lirios entre los cardos..." Para sentirnos enamorados de Dios hay que convencerse de que Dios está enamorado de nosotros. Dios está chiflado por nosotros. ¿Pero el hombre puede amar a un espíritu? Dios quiso ser amado a la manera humana y por eso se hizo un hombre como nosotros. En Cristo podemos ver a Dios, sentirlo y abrazarlo. El papel de la fe. Jesucristo ha experimentado las mismas tentaciones que nosotros. "Al que hemos visto..." Ahora podemos amarlo a nuestra manera, Dios hecho hombre en Jesucristo. Piropos del esposo: "Es única mi paloma..." Todas las formas de manifestarse el amor humano se dan en el divino. Un amor no correspondido es la mayor de todas las tristezas. "Eres hermana mía, hermosa..." terrible como escuadrón..." Los epítetos. Menciona a la película Gladiator recordando los preparativos para la guerra al inicio de la película. "Bella como Jerusalen..." "Aparta ya de mi tus ojos porque de otra forma..." "Si de nuevo me vieres..." Si lo vuelves a decir moriré de amor. El Esposo: "Es tu cabellera como rebañito de cabras..." "... para mi son todos mis anhelos" Y la esposa: "Mi amado es fresco..." ¡Cuántos hombres pasan su vida sin conocer a Cristo! Estamos en camino hacia la patria. Este amor no es una realidad en toda su totalidad en nosotros. Es compatible con el hecho de que a veces el Señor se esconde. Vivimos en la Iglesia peregrina. "La voz de mi Amado, vedle que llega..." "Es mi amado como la gacela y el cervatillo..." Dios nos ha dado la gracia de participar de su sufrimiento. Nuestros sufrimientos son un compartir la muerte de Jesucristo. Esta relación amorosa es un combate: "La bandera que ha alzado contra mí..." Es un combate a generosidad. Son combates reales. El combate de Jacob. La parábola de los talentos. Nuestra existencia es compartir los dolores del Esposo. Las noches del espíritu. "De noche se marchó por la montaña..." Dios está siempre a nuestro lado. "En el lecho entre sueños, por la noche, busqué..." Las noches de nuestra vida. En el amor todo es reciprocidad. En el Cantar, el Esposo implora a la esposa: "Ábreme, hermana mía..." Dios nos busca también. "Nadie demuestra más amor..." "Ya no os llamaré siervos..." Algún día, consumada nuestra existencia terrena, veremos cara a cara a Dios. "...Ya ha pasado el invierno". La muerte de Santa Teresita del Niño Jesús. Aquél día comprobaremos que la voz del Esposo es muy difícil de expresar. "Es la voz del esposo como la huidiza estela de un ave..." Jesús nos espera y nos ama, y espera nuestro amor apasionado.

Comentario Técnico:

Buena calidad de sonido

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