Meditation
Meditation del 4 de diciembre de 1980
Charla ID:
1980.12.04.M
Título:
Cómo debería ser nuestro amor a Jesucristo
Duración:
0:28:05
Temas:

Palabras Clave:
Fecha Litúrgica:
Texto Bíblico:
Jn 5: 1-16
Comentario:
La compasión del Señor por el que sufre. Dios nos ama grandemente. Este amor espera ser correspondido. Los hombres raramente comprendemos la necesidad de esta correspondencia. Compara el Padre el enamoramiento entre dos jóvenes con el enamoramiento con Jesucristo. Lo mismo que sucede en el amor humano tiene que suceder en el amor sobrenatural pero llevado a límites de locura. El que ama a Dios no renuncia a nada. El Señor usa el lenguaje de la renuncia porque somos un poco bestias y no entendemos las cosas como deberían ser. Dios se hizo hombre en Jesucristo para que pudiéramos amarlo de modo humano. Santa Teresa decía que amaba a Jesucristo como Dios y como hombre, y esto escandalizaba a sus confesores. Jesucristo tiene alma y cuerpo humano. Se hizo hombre para que lo pudiéramos amar a lo humano. ¿Pero a Cristo no lo vemos? Lo vemos a través de la Fe. Pero si no lo vemos es porque somos unos monstrencos. Pero si nuestra vida se parece a la del Señor, entonces El se manifestará a nosotros. Pero si somos mediocres... La gente necesita ver que amamos a Jesucristo.
Resumen:
El Padre reflexiona sobre el pasaje evangélico de la curación del paralítico en la piscina de Bezata, utilizándolo como punto de partida para profundizar en el tema del amor divino. Explica que Jesús vino principalmente a traernos el amor de Dios, esperando una correspondencia amorosa de nuestra parte. Sin embargo, señala que los humanos frecuentemente malinterpretamos esta relación, reduciéndola a aspectos morales, legales o sociopolíticos, en lugar de entenderla como una relación de amor verdadero. El predicador hace un paralelo entre el amor humano (como el de los novios) y el amor divino-humano, explicando que este último no excluye al primero sino que lo incluye y lo supera. Enfatiza que no hay dos tipos diferentes de amor o dos corazones distintos, sino que es el mismo amor elevado a un nivel sobrenatural. Rechaza la idea de que amar a Dios implique renunciar al amor humano, argumentando que quien elige el amor divino no renuncia, sino que elige algo mayor. Destaca la importancia de la humanidad de Cristo, explicando que Dios se hizo hombre precisamente para ser amado humanamente, y que esto se manifiesta especialmente en la Eucaristía. Advierte que si el conocimiento de Dios nos resulta oscuro, no es por defecto de la fe sino por nuestra mediocridad espiritual, ya que cuanto más nos asemejamos a Cristo, más clara se vuelve nuestra percepción de Él. Concluye que el verdadero testimonio cristiano consiste en mostrar que estamos enamorados de Dios, y que este amor debe manifestarse en el amor a los hermanos.
Comentario Técnico:
Buena calidad de sonido