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Homilía

Homilía del 15 de diciembre de 2007

00:00 / 01:04

Charla ID:

2007.12.15.H

Título:

EL santo, un hombre recio y alegre

Duración:

0:23:44

Temas:

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Palabras Clave:

Fecha Litúrgica:

Sábado 2º de Adviento (VO)

Texto Bíblico:

Mt 11: 2-10

Comentario:

Debido al uso de la terminología de "dar el coñazo" por dos veces, yo no la pondría para el público. Un hombre peculiar y sublime. Ni siquiera San Juan Evangelista habla con tanta ternura del Esposo (Jn 3: 29). Santo de la alegría (Lc 1:44) y de la penitencia. La intimidad con Dios exige ser un hombre de penitencia. Se presenta dos figuras antitéticas: la de la alegría y la de la penitencia. No son conceptos antitéticos. El que no es recio y no se niega a sí mismo no se puede enamorar de Dios. Muchas veces nos encontramos con personas que son blandos y carentes de corazón. Nunca hemos estado enamorados de Dios. Si somos flojos, es porque nos falta la dureza de la vida penitencial. Nos falta la entereza del sacrificio. No era un veleta Lc 7: 25-26. El que no se niega así mismo, el que no es recio, no puede amar. La unión en este hombre de estos dos caracteres no es más que la consecuencia del amor. El hombre así lo entrega todo, porque muere a sí mismo, y esto lo hace el que está enamorado. Las virtudes necesarias para seguir al Señor. "Este no es una caña movida por el viento". Es singular también cómo este hombre muere en la fortaleza de Maqueronte. En el santo se dan la humanidad y la divinidad formando un todo que sería imposible de disociar. Es el mayor de los nacidos de mujer. En nuestra vida hay momentos fáciles y momentos de duda y vacilación. Son los momentos más felices de nuestra vida, aquellos en los que merecemos la corona. "Bonun certamen certavi..." En los momentos de oscuridad hay que preguntar cuál es el camino (Mt 11: 2-9). Muere en el fracaso (como Cristo, Sta. Teresa de Avila, San Juan de la Cruz, San Francisco). Este final y esta muerte es preciosa ante los ojos de Dios. Las paradojas de la existencia cristiana. Mis caminos no son vuestros caminos. La norma nuestra es dar el coñazo. En la medida en que el mundo nos considere como algo suyo, o no nos persiga, en esa medida no somos de Cristo. Para ser de Cristo hemos de ser contrarios al mundo. "O Padre no te pido que los saques del mundo sino que los libres del mundo..." Ellos no son del mundo. En este sentido cualquiera de vosotros que no sienta la persecución del mundo, podría pensar que no es un nombre de Jesucristo. Es la consagración de las bienaventuranzas que son la consagración del coñazo. El mundo no ha comprendido esto. Hemos de ser contrarios a la forma de actuación del mundo. Un cristiano que no se coje los dedos ni es cristiano ni es hombre. Lo natural va unido a lo sobrenatural. "He ahí el Cordero de Dios". El final de su vida no fue más que la consumación del amor que tuvo por Jesús.

Comentario Técnico:

Buena calidad de sonido. Por unos segundos, la grabación empieza cuando ya está hablando el Padre.

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