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Homilía

Homilía del 20 de octubre de 1996

00:00 / 01:04

Charla ID:

1996.10.20.H

Título:

El problema de la Iglesia y el Estado II

Duración:

0:11:02

Temas:

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Palabras Clave:

Fecha Litúrgica:

Domingo 29º del Tiempo Ordinario

Texto Bíblico:

Mt 22: 15-21

Comentario:

Continuación de la meditación del día. Debo pediros perdón por abusar de vosotros, pero tengo que deciros algo más sobre el tema de la meditación y tomarlas con la conciencia de que necesitáis ser formados. Cuando le damos al Cesar las cosas del Cesar, eso no significa que esas cosas no tengan importancia. Yo diría que el cristiano es el único que le da a esas actividades toda la importancia que merecen. Cuando jugamos al video juego, o estudiamos, o escuchamos música, el cristiano pone en ellas toda su alma. Cuando juego video juegos me gusta hacerlo con toda intensidad. Cuando veo una película me gusta sacarle el pringue. No me gusta la superficialidad. Solo aquéllos que le dan a Dios las cosas de Dios, luego le dan al Cesar las cosas que pertenecen al Cesar. Los judíos de hoy no tenían interés en darle al Cesar las cosas de darles al Cesar. ¿Quiénes aprecian el valor de un buen libro, de una buena película, o trabajar en la cocina? Los que las hacen con sentido de la trascendencia. Solo le sacan el jugo a las cosas de este mundo los santos. Hay que darle importancia a las cosas que pertenecen al Cesar. "El que es infiel en lo poco..." "Ven aquí siervo bueno y fiel..." Ahora bien, por encima del gozo que ponemos en las cosas del Cesar, está el gozo y la alegría de las cosas celestiales. El cristiano tiene que tener los pies en la tierra, pero el corazón y la cabeza en el cielo. Las cosas que son capaces de colmar su corazón. Un cristiano que saborea las cosas celestiales sabe saborear las cosas de la tierra. Solo entienden a los hombres los que están con Dios. Es muy importante que vosotros pongáis la ilusión en las cosas celestiales. Yo vengo a hacer la oración, unas veces con cansancio o sin cansancio, sin embargo, uno sabe que está en contacto con el Señor. Si uno está cansado o atribulado, le cuenta al Señor sus sufrimientos y sus problemas. Y se siente consolado. Más a gusto que en ninguna parte. La misa nos podrá parecer larga, los sermones, pero llega un momento que uno no puede prescindir de su misa, de su oración, de su rosario. Y esto es lo que nos conforta y nos alegra. El cansancio físico, lo iremos sintiendo menos como cansancio y más como gusto y alegría. Solo cuando le damos a Dios lo que es de Dios los que le dan al Cesar lo que pertenece al Cesar. El ejemplo del estudio. El contacto con el Señor nos conforta y nos reconforta. La alegría de una comida está bien, pero una conversación con el Señor nos llena muchísimo más. A Dios lo que es de Dios, y entonces al Cesar lo que es del Cesar.

Comentario Técnico:

Buena calidad de sonido.

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