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Homilía

Homilía del 7 de agosto de 1984

00:00 / 01:04

Charla ID:

1984.08.06.H

Título:

El conocimiento de Cristo a través del Evangelio

Duración:

0:10:18

Temas:

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Palabras Clave:

Fecha Litúrgica:

La Transfiguración (Ciclo II)

Texto Bíblico:

Mt 17: 1-9

Comentario:

Para uso interno por el estilo de hablar del Padre. El Padre vuelve a narrar el evangelio del día. Jesús es Dios hecho hombre. Era percibido por la gente en su humanidad. Pero en esta ocasión se mostró ante sus predilectos en alguna forma de gloria. Esa divinidad contenida en Jesucristo corporalmente, como decía San Pablo. Pero también en el océano misterioso del alma humana de Jesús, en su psicología humana, esto se les escapaba a sus discípulos. Y a nosotros se nos puede escapar también. Sería el gran fracaso de nuestra vida que no conociéramos a Jesús. Por ejemplo, si todo lo que sabemos del Señor se desprende de una lectura rápida del evangelio, y esto es todo lo que sabemos, podemos decir que no sabemos nada. Es como tener el conocimiento de una persona a través de una foto. Si este es todo el conocimiento que tienes, vas apañado. Esto le pasa a mucha gente. Ayer cuando hablamos del milagro de la multiplicación de los panes, nos convencíamos una vez más cómo el evangelio no lo podemos leer deprisa. Hasta los más pequeños detalles tienen un alcance infinitamente mayor de lo que podíamos ver. "Y ¿por qué les vais a enviar a las aldeas vecinas...? Dadle vosotros de comer." Una lectura simplista reduce esto a una preparación psicológica. Nosotros podemos darles de comer. La Palabra de Dios crea lo que dice. Hace lo que dice. Nunca fantasea. Nuestras palabras van por un lado y nuestros hechos van por otros. En Jesucristo hay perfecta identificación entre lo que dice y la realidad. El Señor nunca fantasea. El evangelio es siempre actual. Y da una solución que remueve el corazón del hombre. Si leemos el evangelio con rapidez, no tendremos un conocimiento de Jesús. Pero no es suficiente con leer el evangelio despacio. Pero hay que leerlo conducidos por el Espíritu Santo, que es el Espíritu del Señor. Si fuéramos buenos, con espíritu de trabajo, de pureza, de cruz, aunque fuéramos unos niños u hombres del campo, comprenderíamos el evangelio en profundidad. "El Espíritu que yo os enviaré de parte del Padre..." El Señor dicen que era guapísimo y se sabe su altura, por la Sábana de Turín. Lope y Juan Andrés os podrán hablar un día de esto. San Pedro se quedó entusiasmado con lo físico del Señor. Pero en lo psicológico y en lo espiritual y en su grandeza divina supera a todo entusiasmo físico. Este mismo Señor sigue estando en el sagrario y en el altar porque Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y por los siglos.

Comentario Técnico:

Buena calidad de sonido

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