| Tres Posturas ante la Crisis del Catolicismo (II) |
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| Viernes, 09 de Octubre de 2009 17:16 |
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La Posición B es fácil de entender y todavía más fácil de seguir. Sus partidarios mantienen con firmeza la fidelidad a la Jerarquía, incluso aunque tal determinación pueda parecer a veces un tanto excesiva. La ignorancia acerca del verdadero alcance de la debida sumisión al Magisterio y a la Jerarquía, por parte de tantos fieles, permite aprovecharse de la circunstancia a determinados ideólogos y grupos de presión. Poniendo entre paréntesis (que no es lo mismo que negarlos), siquiera sea de momento o indefinidamente, la fidelidad a los principios intangibles —dogmas incluidos—, los seguidores de esta Postura apoyan decididamente lo que el Papa dice, habla, piensa o hace; aunque sin poner demasiado énfasis en el verdadero contenido, significado y límites del Magisterio. Menos aún piensan que sea necesario distinguir entre el Magisterio Ordinario, el Solemne, o los simples discursos u opiniones vertidos aquí y allá; y ni siquiera en la necesidad de integrarlo con lo ya dicho por Papas anteriores (el Magisterio no puede contradecirse a sí mismo, que es cosa en la que los mantenedores de esta Postura no suelen pensar), y que también puede formar parte del único y sagrado Magisterio. En resumen y para concluir, y por muy extraño que pueda parecer, para los partidarios de la Postura B todo lo que diga o haga el Papa, incluido lo más peregrino, es dogma de fe; hasta el punto de que la menor discrepancia al respecto supone, según ellos, dejar de ser fiel a la Iglesia.
Desde luego es preciso reconocer que la Posición B es la más segura. Supone dejar los principios y su interpretación en las exclusivas manos de la Jerarquía —¿Pero es seguro que se trata siempre de la Jerarquía? — y seguirla fiel y ciegamente. Con lo que la fidelidad queda así asegurada y los problemas resueltos. Por otra parte, la adhesión a esta Postura es también absolutamente necesaria, si es que se aspira a poseer una cierta posición dentro de la Iglesia que de otro modo jamás se alcanzaría: Si alguno aspira al episcopado, desea una noble cosa… (1 Tim 3:1); y además probablemente lo conseguirá, lo cual no sería posible de ningún modo sin suscribirse a esta Postura. La posición C, sin embargo, es la más difícil de entender y la más dura de practicar. Puesto que es la Cenicienta en esta especie de singular contienda (aunque sin Príncipe enamorado ni final feliz), quizá alguien podría pensar que no vale la pena hablar de ella y tal vez no andaría equivocado. De antemano se puede asegurar que está condenada a ser una actitud despreciada, y aun aborrecida, por parte de unos y de otros. Las Posiciones A y B se ponen de acuerdo en esto para condenarla (como Herodes y Pilatos), y de ahí que sus seguidores sean siempre pocos y merecedores (aunque no se les reconozca) del distintivo de héroes. (Continuará) |



