Si uno ofreciera por el amor toda su hacienda, sería despreciado (Ca 8:7) Imprimir E-mail
Miércoles, 01 de Julio de 2009 15:54

Pues no hay ninguna cosa con la cual se pueda comprar el amor. Todo lo contrario, pues el amor exige el olvido, o desprecio, de las otras cosas a cambio de su entrega. Lo único que busca el amor es la persona de quien lo pretende. Lo cual entra de nuevo por los cauces de la lógica, y hasta incluso - haciendo un inocente juego de palabras -  de la pura lógica, ya que la lógica del amor es siempre más lógica que la estrictamente mundana. Aunque en realidad no se trata de la existencia de dos lógicas distintas, puesto que, en definitiva, la lógica del amor (o la de Dios) es la única verdadera. Y, aunque es cierto que la mayoría de las veces no parece así, el hecho no se debe a otra cosa que a la corrupción de la naturaleza, que es la culpable de que el hombre no siempre perciba la realidad de las cosas con la suficiente claridad y diafanidad. Es indudable, sin embargo, que la presencia de las dos perspectivas induce a pensar a veces en la existencia de dos lógicas distintas, y aun contrapuestas: la del amor y la mundana.

 

Según esto el amor se regiría conforme a sus propias reglas, totalmente distintas de las que dirigen la sabiduría mundana e incomprensibles para ella. Así es como la lógica del amor, comparada con la del mundo, aparece para esta última como ilógica , y además de dos maneras. En primer lugar como una lógica cerrada en sí misma, puesto que el amor tiene sus propias reglas y no busca otra justificación que la de él mismo. Es cierto que solamente el amor puede comprender al amor, y, en último término, se ama porque se ama: Causa diligendi Deum Deus est, decía San Bernardo. Con toda razón puede decirse, por lo tanto, que, en este sentido, si realmente no se ama, no solamente se queda el amor sin razones que lo justifiquen, sino que incluso resulta incomprensible.

 

Con esto no se pretende insinuar, en modo alguno, que el amor sea un sentimiento irracional. El propósito de este libro apunta precisamente en la dirección contraria. Lo que se quiere decir aquí es que el verdadero amor solamente es comprendido por el que ama. Es la lógica del mundo precisamente la que considera irracional al verdadero amor. Por eso, sólo cuando la Iglesia se ha dejado seducir por las ideologías terrenas, es cuando se ha hecho posible que tantas Curias católicas, diocesanas y archidiocesanas, hayan introducido de facto el divorcio, despachando prácticamente en sentido favorable todas las peticiones de anulación del vínculo. Aunque no se admita doctrinalmente, el hecho está ahí.

 

El problema de fondo estriba en que ya no se cree en la posibilidad de un verdadero amor, capaz de totalidad y de perennidad, dispuesto a entregarse por entero y para siempre. La sabiduría del mundo es incapaz de comprender la locura del amor de Dios. Lo cual da paso al segundo aspecto de la aparente falta de lógica del amor; según el cual el amor ya no aparece meramente como algo injustificado, sino incluso como absurdo y disparatado, bastante cercano a la locura: Pues ya que el mundo, por su propia sabiduría, no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Por esto, mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los gentiles (1 Cor 1: 21-23).

 

Según esto, la lógica natural de la sabiduría humana, e incluso la lógica de los milagros que el mundo esperaría presenciar, no solamente no se identifican siempre con la lógica divina, sino que, con bastante frecuencia, tienen poco que ver con ella. El acto supremo de amor, o el mayor que han conocido los hombres - la muerte de Cristo en un patíbulo -, resultó ser un escándalo para los judíos y una locura para los gentiles.

 

Eso fue lo que pensó el mundo acerca de la más extraordinaria pirueta que pudieron imaginar la Inteligencia y el Amor infinitos. Sin embargo, pese a todo, frente a toda aparente lógica y sabiduría mundanas, la Biblia se cuida bien de añadir y precisar que la locura de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres (1 Cor 1:25).

Del libro Comentarios al Cantar de los Cantares vol I (pp. 80 - 83)

Última actualización el Jueves, 02 de Julio de 2009 16:10