| Si la sal se vuelve sosa... (III) |
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| Miércoles, 28 de Octubre de 2009 05:11 |
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Con respecto al dilema Misa de San Pío V o Misa de Pablo VI, del que aquí pretendemos hablar, habida cuenta de la importancia del problema y de la posibilidad de herir los sentimientos de unos o de otros en asunto tan delicado, conviene adelantar dos notas aclaratorias. Primera: En cuanto a la Misa del Novus Ordo o de Pablo VI, queda establecido de antemano que aquí no cabe discusión en cuanto a su validez y su legitimidad. No es razonable pensar que Dios haya permitido a su Iglesia dar entrada en ella, durante tantos años, a un Sacrificio Eucarístico carente de validez.
Tampoco es legítimo para un católico disentir de la Jerarquía en tema tan decisivo. Es cierto que los fieles en la Iglesia conservan su propia capacidad de discernimiento y de juicio, siempre que se guarde el orden de la caridad y el respeto debido a unos y otros. Sin embargo, ha de tenerse en cuenta también que no les es lícito tratar de imponerse a la Jerarquía o pretender rebelarse contra ella. Evidentemente la Jerarquía será mejor o peor, sana o tal vez corrupta; pero incluso en este último caso sigue siendo la Jerarquía.[1] Segunda: Puesto que aquí no se pretende iniciar o mantener polémica alguna, y a fin de llevar a cabo el examen del tema con la mayor serenidad y objetividad posibles, será conveniente concentrar la atención principalmente en los hechos. No ya en posibles teorías o hipótesis, y ni siquiera en las meras interpretaciones de los acontecimientos, sino especialmente en estos últimos. Dado que los hechos escuetos y desnudos hablan por sí mismos, de tal manera que simplemente están ahí para cualquiera que los quiera ver. Expuestas estas advertencias, queda más expedito el camino para estudiar las razones en las que se apoyan los partidarios del rechazo a la Misa Latina o de San Pío V. En cuanto a la Misa surgida del Concilio, o Misa del Papa Pablo VI, no hay cuestión; desde el momento en que ya hemos dejado establecidas de antemano su legitimidad y validez. Ordinariamente no suelen darse razones suficientes para justificar la furiosa campaña surgida contra la Misa tradicional. El hecho, sin embargo, es que se hace todo lo posible por obstaculizarla e impedirla sin más, incluyendo en tal empeño a una gran mayoría de Obispos. Por lo general aportando pocas explicaciones o más bien ninguna. En algunos casos se suele esgrimir como razón el hecho hipotético de que introduce la división entre los fieles. Sin embargo el argumento carece de validez, en cuanto que en la Iglesia han existido siempre —y siguen existiendo— variedad y diversidad de Ritos; sin peligro alguno ni posibilidad de quebranto para la unidad. Por ejemplo, todo el mundo conoce el caso que los media han aireado y difundido con gran alarde estos últimos días: la Iglesia ha admitido en su seno a un grupo numeroso de fieles pertenecientes a la Confesión Anglicana. Deseosos todos ellos de integrarse en la verdadera Iglesia, se les ha garantizado la importante condición de que podrán conservar el patrimonio espiritual y ritos propios de su Confesión. La Misa es realmente un banquete en el que el Cuerpo y la Sangre del Señor son objeto de comida y bebida, cuyo fin es precisamente el de conmemorar el misterio de la Redención. Pero es sobre todo y más que eso un sacrificio por el cual, sin repetirse la muerte del Señor (Heb 7:27; 1 Pe 3:18), ésta se hace realmente presente, aquí y ahora. Lo cual sucede, no en forma simbólica o de mero recuerdo, sino absolutamente real. Misterio que se hace posible porque Dios, superando con su poder los parámetros del tiempo y del espacio, logra hacer verdaderamente presente ante los fieles aquél mismo y único sacrificio para que lo compartan y se aprovechen de él. Siendo pues la Misa un verdadero Sacrificio, y a fin de tratar de hallar las causas que pudieran justificar el rechazo a la Misa de San Pío V (Rito Extraordinario de la Misa), a la que muchos consideran un obstáculo a la del Papa Pablo VI (Rito Ordinario de la Misa), tal vez sería llegado el momento de examinar serenamente uno y otro Rito para comprobar el modo en el que ambos cumplen esa condición. E incluso cuál de ellos lo cumple de modo mejor y más perfecto. Y parece posible llegar a una conclusión. En la cual, aun reconociendo como cosa segura e indiscutible lo que se dice en la Nota Primera de este artículo, no resultará difícil comprobar que el llamado Rito Extraordinario, no sólo cumple en su totalidad los requisitos del Sacrificio, sino que lo hace de modo mejor y más perfecto que el conocido como Rito Ordinario o Novus Ordo. Es lo que vamos a ver a continuación. (Continuará) [1]Cabría una sola excepción, dada la cual los fieles quedarían desligados de los deberes que impone la obediencia: el caso en el que algún o algunos miembros de la Jerarquía incurrieran claramente en herejía. |



