"Sé tu mismo", ¿es una consigna evangélica? (y III) Imprimir E-mail
Martes, 29 de Septiembre de 2009 12:28

La consigna que tiende a animar a los jóvenes para que sean “ellos mismos”, corre el peligro de no caer en la cuenta de la ambigüedad de la expresión y de los peligros que encierra. Pues lo fundamental para el cristiano no es que el hombre viva su propia vida, sino la de Cristo (Ga 2:20).

 

El hombre solamente consigue ser él mismo cuando, olvidándose de lo suyo, sale de sí mismo y pierde (o entrega) su propia vida por amor. Doctrina que es específica del cristianismo, y no una especie de verdad per se nota (evidente por sí misma). Si no se explica, se corre el peligro de que los jóvenes entiendan la expresión “sé tú mismo” de un modo puramente humano, sin las connotaciones sobrenaturales con las que la Revelación ha enriquecido los conceptos del amor y del hombre.

 

El procedimiento de insistir más en lo que suena, y en lo que está en el ambiente, que en el verdadero contenido de unos conceptos cuyo contenido sobrenatural se silencia, pretende tal vez conseguir la aceptación de una doctrina de por sí difícil; sin caer en la cuenta de que, haciéndolo así, la doctrina queda mutilada (y, por lo tanto, falseada en la misma medida), ni de que tampoco por eso se hace más atractiva. Puede parecer, a primera vista, que el sistema es eficaz para presentar una doctrina como más fácil de llevar a cabo. Pero el procedimiento es inútil, porque priva a la doctrina de su contenido y, por lo tanto, de su verdadero atractivo; lo que tiene una importancia aún mayor cuando se trata de los jóvenes. Ha sido dispuesto que sólo los violentos arrebaten el Reino de los Cielos (Mt 11:12).

 

La Pastoral católica debería convencerse de que despojar al Evangelio de aristas y mordientes, a fin de que pueda ser aceptado por el mundo, es un método ineficaz y peligroso. El cristianismo es una auténtica novedad, hasta el punto de que deja de ser cristianismo en la medida en que deja de ser novedad. Al perder lo mejor de su atractivo ya no puede seducir a los hombres, y menos todavía a los jóvenes, que son precisamente a quienes más atraen las novedades. De ahí la urgencia de que la Pastoral de Jóvenes deja de estar dirigida por viejos de espíritu que, con demasiada frecuencia, tienen tendencia a no creer en la Juventud. Ciertas expresiones, como las halladas en algún Concilio de Jóvenes (celebrado en Taizé en épocas cercanas al Vaticano II), manifiestan una evidente manipulación de la Pastoral de la Juventud por parte de personas mayores: a los jóvenes se les habría ocurrido reunirse o encontrarse de cualquier manera, pero jamás bajo la forma de un Concilio. Estas actitudes difícilmente pueden salvarse de la acusación de demagógicas, puesto que parecen creer que sus planteamientos son los que agradan a los jóvenes, y que la juventud no puede entender ni aceptar otra cosa. Olvidan que a los jóvenes, normalmente, no les agrada ser ellos mismos, y que lo que más bien desean casi siempre es ser diferentes; incluso aquéllos que, o bien han aceptado su propia derrota (los desarraigados, los drogadictos, o los entregados al alcohol y al sexo), o bien protestan del mundo tomándoselo a broma. No comprenden que lo que realmente seduce a los jóvenes es la búsqueda de un cierto otro (con mayúscula o con minúscula), con cuyo hallazgo piensan llegar a ser diferentes y a cambiar el mundo. Es un tanto simple creer que la rebeldía de la Juventud se refiere solamente al mundo en el que vive, sin caer en la cuenta de que la Juventud siempre se ha incluido a sí misma en la protesta. La verdadera Juventud, o aquélla que por serlo es realmente rebelde, nunca ha estado contenta consigo misma, y de ahí que su situación y su modo de ser hayan sido siempre las primeras cosas que ha cuestionado. Olvidar esto es pretender acercarse a la Juventud con planteamientos ingenuos, propios de personas mayores de vida más bien mediocre, totalmente ajenos a las formas de pensar de los Jóvenes. La creencia de que los Jóvenes no son capaces de aceptar un cristianismo sin mitigaciones, pleno de contenido sobrenatural, no hace demasiado favor a la Juventud, y más bien la subestima. Parece como si algunos, sintiéndose marchitos por los años y un tanto desesperanzados, fueran incapaces de creer en una Fe joven y decidida, por mucho que pregonen lo contrario. Una actitud muy distinta a la del Apóstol San Juan, que creía firmemente en la Juventud: Os escribo a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes y la Palabra de Dios permanece en vosotros, y porque habéis vencido al Maligno (1 Jn 2:14).

Última actualización el Miércoles, 30 de Septiembre de 2009 17:31