Pastores Preocupados Imprimir E-mail
Jueves, 18 de Junio de 2009 05:54

        Pensemos, a modo de ejemplo otra vez, en el caso de los Obispos, puesto que ellos son los auténticos y principales Pastores en la Iglesia. Es evidente que no puede considerarse como la principal tarea del Obispo la de administrar los bienes de su diócesis. Tampoco ha sido puesto para intervenir o colaborar, con sus actividades u opiniones, en cuestiones puramente políticas y que corresponden exclusivamente al mundo de los laicos. Perdería el tiempo - y tal vez algo más - si sus mayores preocupaciones estuvieran dirigidas a conseguir ocupar cargos de más nombradía o relevancia. Sería  altamente conveniente, y hasta deseable, que fuera miembro del menor número posible de Comisiones de la Conferencia Episcopal; y dígase lo mismo de las Subcomisiones. Sus ovejas se sentirían encantadas seguramente si la mayor parte de su tiempo transcurriera para él en su propia diócesis. Sus sacerdotes - sus hijos predilectos en el Señor - darían gracias a Dios si pudieran encontrar a su Padre y Pastor siempre y en cualquier momento, dispuesto a escuchar sus problemas y atender a sus necesidades; y si acaso esto sucediera sin el imprescindible y famoso requisito de la previa cita, es probable que la felicidad de los pobres curas alcanzara cotas parecidas a las que se deben conseguir en el Cielo. Y a este respecto no renuncio a contaros lo que le ocurrió a un buen amigo mío, sacerdote.

 

El buen hombre se encontraba ante un grave problema que le preocupaba grandemente; y que, según él, solamente el Obispo podía ayudarle a  solucionarlo. Así que hizo una llamada telefónica al secretario particular de Su Excelencia para concertar una entrevista:

 

-        Entonces, por favor, ¿podría hablar, hoy mismo o quizá mañana, con el Obispo, dada la urgencia y gravedad de este asunto?

 

La respuesta del secretario fue descorazonadora:

 

-        Imposible. Hoy tiene ya ocupado todo el horario de entrevistas. Y mañana, por supuesto, tiene que asistir a la reunión con la Comisión de Gobierno.

 

Suspiro de amargura y decepción del pobre cura.

 

- ¡Vaya por Dios! ¿Y qué hay del día siguiente?

 

- Tampoco es posible. Tiene reunión con la Comisión Económica.

 

- Sí, sí, ya entiendo. Entonces, cualquier día de la próxima semana. . . , insistía el pobre cura mientras que se sentía más y más desgraciado.

 

- No es posible de ninguna manera. Tiene ocupada toda la semana con una peregrinación a Lourdes que él preside.

 

- Claro, está bien; entiendo. Entonces, ¿habrá que dejar la entrevista para la siguiente semana?

 

Y mientras mi pobre amigo insistía emperrado en su desesperación, el celoso secretario continuaba inflexible en las respuestas que le dictaba el deber:

 

-  No puede ser. Como seguramente usted sabrá  - aquí habría que entender en realidad: como seguramente usted debería saber - esa semana está ya programada una reunión de la Conferencia Episcopal.

 

Aquí ya la voz tímida y apocada de mi amigo:

 

- Claro, eso es muy importante. ¿Entonces. . . ?

 

- No, no, imposible. Acabada la Asamblea de la Conferencia Episcopal tiene en su agenda un viaje importante, ya programado, a Roma. Y antes de que me lo pregunte usted, le advierto que, a su regreso, tiene que asistir a las reuniones de la Comisión de Enseñanza de la que la Conferencia Episcopal le  nombró Presidente. Pero quizá tenga usted suerte, porque puedo tomar nota de su petición de entrevista para pasado un mes y medio; claro que siempre quedaría pendiente de que el Obispo la confirmara, lo cual nunca es seguro.

 

Y mi desgraciado amigo, ya en el colmo de la inmolación:

 

- Está bien, déjelo estar. . . No vale la pena. No moleste al Obispo.

Del libro "Meditaciones de Atardecer" (pp. 49 - 50)

Última actualización el Lunes, 06 de Julio de 2009 19:35