Los Buenos y los Malos Pastores (III de III) Imprimir E-mail
Domingo, 19 de Julio de 2009 12:46

Para comprender el problema debe tenerse en cuenta que los Obispos también son hijos de su Época; y que además, de alguna manera, han sido víctimas de la influencia del Sistema. Ahora bien, ¿cuáles son los vientos que soplan en esta Época y qué es lo que persigue el Sistema?

 

A partir de la muerte del Papa Pío XII, desde Juan XXIII y sobre todo con Pablo VI, la Iglesia realizó un importante y decisivo Giro a la Izquierda. El aggiornamento no fue otra cosa en realidad. ¿Las causas? Es difícil evitar la impresión de que se empezaba a confiar más en el Mensaje de Marx que en el del Evangelio. Algo así como si la Iglesia hubiera comenzado a tener miedo y a sostener la creencia de que, tanto la victoria del Mundo como la de los Principios Mundanales, eran inevitables.

 

Dicho sentimiento ha perdurado hasta el día de hoy, e incluso los acontecimientos han contribuido a acrecentarlo. El inesperado y sorprendente giro a la Izquierda dado por los Estados Unidos, por ejemplo, de consecuencias imprevisibles para el Mundo entero y seguramente catastróficas, ha venido a afianzar la situación. Algunos incluso se atreven a hablar del extraño paralelismo existente entre la doctrina del Papa Benedicto XVI y la del Presidente Obama.

 

De todas maneras, el Sistema ha hecho muy bien su trabajo con respecto a la Iglesia: Teología de la Liberación e Ideología Marxista (en realidad son la misma cosa), acercamiento al Protestantismo, falso Ecumenismo y, en general, todo cuanto lleva consigo la doctrina neomodernista de los Movimientos Progres. Su principal instrumento de trabajo ha consistido en la infiltración, la cual ha tenido lugar entre el Clero y más especialmente entre la Jerarquía y Altos Organismos de la Iglesia.

 

También ha encontrado el Sistema un buen instrumento de colaboración en las Conferencias Episcopales. Las cuales se han mostrado susceptibles de ser dominadas por Grupos de Presión adictos a ideologías extrañas a la Iglesia. Por ello han sido utilizadas como un medio de controlar a los Obispos, y especialmente a aquellos que se mostraran más reacios a actuar al margen de la buena doctrina. Uno de los mejores trabajos llevados a cabo por las  Conferencias ha sido, sin duda alguna, el realizado con respecto a los nombramientos episcopales. El Sistema ha considerado necesario elegir a candidatos de Fe vacilante, o incluso carentes de ella; sin dar de lado tampoco

a los dotados de cierta piedad pero escasos de carácter y fácilmente maleables.

 

Ya existía en la Iglesia un fallo grave en lo referente a la formación en los Seminarios y Noviciados. Además de no haberse insistido en la formación intelectual de los candidatos al sacerdocio, no se ha prestado suficiente atención a un acuciante problema, cual es el de la infiltración de marxismo y modernismo en los Seminarios y Noviciados. Aunque el origen del problema parte ya, desde la base; en lo que respecta, sobre todo, en la negligencia en cuanto a la formación en las virtudes humanas y en las debidas exigencias en cuanto a la madurez de los candidatos. En cuanto a la Teología que se enseña en las Facultades Eclesiásticas se encuentra bastante influenciada por el modernismo. Mientras que en la Filosofía se viene dando entrada a casi todas las corrientes de pensamiento modernas, muy especialmente a las fundamentadas en el idealismo y ajenas a la Filosofía del Ser (hegelianismo, kantismo, personalismo, blondelismo, husserlianismo, etc.) Todo lo cual puede aplicarse igualmente a la mayoría de los Seminarios y Noviciados.

 

El resultado ha sido un gran número de sacerdotes y religiosos sin conocimientos filosóficos ni teológicos, sin vida espiritual, con poco carácter y escasa madurez humana. Por otra parte, debido al problema de la falta de clero, el nivel de admisión en los Centros de formación ha ido bajando progresivamente (en algunos países incluso son admitidos los homosexuales); con lo que se ha creado un círculo vicioso del que va a ser difícil para la Iglesia liberarse. Para determinar la gravedad del problema basta darse cuenta de que esto constituye un caldo de cultivo donde, por lo general, se han formado bastantes Pastores de la Iglesia.

 

Con este panorama, trazado aquí con rapidez y a grandes rasgos, nada tiene de particular que hayan surgido en la Iglesia Pastores de los que lo menos que se puede decir, utilizando un generoso eufemismo, es que no están sobrados de categoría.

 

Tal vez se podría creer que se limitan a actuar siempre según el viento que sopla, y con algunos de ellos la afirmación puede ser cierta; aunque, por desgracia, no se puede decir lo mismo con respecto a otros. La verdad de todo esto gira en torno al hecho de que si los fieles conocieran el entramado, muchos de ellos sufrirían de escándalo y se sentirían asustados; y de ahí que Dios permita que la mayoría permanezca en un estado de letargo piadoso.

 

¿Qué puede hacer el Pueblo cristiano sano, por desgracia no demasiado numeroso, ante esta situación? ¿Además de sufrir, por supuesto?

 

Dos cosas, sobre todo. La primera, y la más importante, rezar al Señor de la Mies para que envíe obreros; el cual no dejará de oírlos.

 

En cuanto a la segunda, se trata de confiar; a pesar de que el Sistema sigue trabajando demasiado bien, con aparentes probabilidades de éxito total. Es posible que incluso consiga reducir la Iglesia a una exigua minoría, engañando a infinidad de almas (tal como aseguran las profecías referentes a los Últimos Tiempos). Pero de todas formas ha olvidado algo importante, que es precisamente lo que da por descontada su derrota final y definitiva: las palabras del Señor referentes a que las Puertas del Infierno no prevalecerán contra su Iglesia (Mt 16:18). Así como lo dicho también por Él en otra ocasión, acerca de que el cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán jamás (Mc 13:31).

 

Por nuestra parte, podemos estar tranquilos con respecto a nuestros Pastores. Con Cartas Pastorales o sin ellas, quizá no muy buenos conocedores de la situación, e incluso tal vez influenciados por los vientos dominantes, es indudable de todas formas que son hombres de buena voluntad que creen en lo que dicen.