| Los Buenos y los Malos Pastores (II de III) |
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| Viernes, 17 de Julio de 2009 15:52 |
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El buen Pastor no pretende beneficiarse de las ovejas, sino que las ovejas se aprovechen de él. No intenta lucrarse con los frutos que ellas producen, sino que más bien desea entregarles su vida, por cuanto que le han sido encomendadas.
Sin embargo - y esto tendría que ser dicho con lágrimas -, en los tiempos de confusión que están viviendo el Mundo y la Iglesia, hay Pastores que obran según una línea distinta. Al parecer, incluso contraria.
¿Qué diríamos si viéramos a un pastor de ovejas (tomada la expresión en su sentido más literal) dedicarse, por diversión o por la razón que fuera, a promover rencores y a producir discordias y divisiones entre las ovejas. . . ? Pues eso que parecería locura en el mundo de la vida ordinaria, sucede con toda normalidad en el ámbito eclesial. Hace algunos días los Obispos de una región española, tocada de espíritu separatista y sede de una de las más sanguinarias bandas terroristas y asesinas conocidas, han publicado una Carta Pastoral colectiva. En ella se hace referencia a los catorce sacerdotes fusilados por el Bando Rebelde durante la Guerra Civil (1936-1939). Según la Carta, la Iglesia Española actual, siempre aliada con la derecha y desconocedora voluntaria del carácter martirial de aquellas ejecuciones, debiera pedir perdón por el hecho y llevar a cabo una rehabilitación.
La Carta me ha producido profunda pena, y de ahí que prefiera suponer que los Obispos desconocen la Historia. Aunque por mi parte tampoco puedo entrar en el fondo del asunto, sin embargo me consta con certeza que aquellos hombres estuvieron sometidos a una Corte Marcial seria en la que no fueron inculpados como sacerdotes, sino acusados de haberse convertido en soldados para luchar contra su propia Patria; además de otros delitos. Algo muy diferente de lo que sucedió con los casi siete mil sacerdotes y religiosos, amén de un buen número de Obispos, asesinados (sin ningún juicio previo y simplemente porque sí) en la zona republicana.
Pienso que tales Obispos hablan de oídas y por referencias. Yo en cambio hablo de lo que he visto y he vivido.
Solamente en mi pueblo (que en aquella época era un pueblecito muy humilde y bastante recoleto) fueron asesinados tres sacerdotes. A tiros, sin contemplaciones y sin juicio alguno, dentro de la misma celda en la que habían sido recluidos. En una ciudad próxima a mi pueblo natal fue asesinado, entre otros varios, el rector de una de las parroquias: después de ser arrastrado por las calles, le fueron cortados los órganos sexuales y también las orejas; para ser colgado inmediatamente después de la torre de su iglesia. La imagen de la Patrona de mi pueblo fue fusilada por los milicianos; mientras que yo, por mi parte, ya estaba bien acostumbrado a ver mi iglesia parroquial (en la que había sido bautizado) convertida en garage de camiones. Además de esos tres sacerdotes, fueron muchos los seglares asesinadas en mi ciudad natal (después de haberles dado el paseo previamente), por el simple delito de asistir a la Misa los domingos.
Yo mismo tuve ocasión de vivir una escena que no he olvidado jamás. En cierta ocasión en que intentábamos hacer un viaje, mis dos padres juntamente con mi hermano y yo mismo, un miliciano nos apuntó con su fusil, a punto de dispararnos. Mi padre era un hombre sencillo bien conocido en el pueblo; aunque considerado como de derechas por la principal razón de asistir a la Misa dominical. El miliciano nos miró con rabia y lanzó un exabrupto:
- No sé como no os pego un tiro a cada uno de los cuatro. . .
Yo tenía entonces cinco años de edad. Pero todavía conservo bien vivo el recuerdo de la escena y el rostro del miliciano mirándonos con odio.
Lo mismo que recuerdo la impresión que recibí un día en el que toda mi familia volvimos a casa. Mi hogar era bastante humilde y muy pequeño; en realidad vivíamos angustiosamente y pasando necesidades. Cual sería nuestra sorpresa al encontramos la casa llena de gente extraña y de aspecto bastante desagradable. Se nos dijo que, puesto que nuestra casa había sido requisada, tendríamos que compartirla desde ahora con aquellos refugiados: tres habitaciones para todos, una pequeña cocina para todos y un miserable cuarto de baño (sin cuarto, sin baño y sin agua corriente) también para todos.
Es seguro que los citados Obispos no vivieron estas escenas, al igual que otras muchas de las que podría yo hablar con horror, puesto que ellos seguramente tampoco vivían por entonces. Pero yo, como he dicho antes, hablo de lo que he visto y oído. De todos modos, no deja de sentirse una sensación extraña cuando alguien pretende darte lecciones sobre hechos que no ha presenciado mientras que uno, en cambio, los ha tenido que vivir y sufrir en su propia carne.
En cuanto a que la Iglesia Española actual tendría que pedir perdón, quizá habría que resucitar al pleno de los Obispos de la Iglesia Española de entonces, junto con dos ilustres Papas. Todos ellos declararon oficial y solemnemente que la acción del Bando Rebelde, encaminada a impedir que mi país cayera en manos de Comunismo estalinista, tuvo carácter de verdadera Cruzada. Bien; pero en tal número y en tal categoría de ilustres Obispos, además de la de los dos Pontífices, existía un grado de prestigio probablemente superior al de otros Obispos actuales.
¿Ha de decirse entonces que la Carta Colectiva a la que aludo ha sido escrita con malicia? Yo, desde luego, no lo pienso así. Sin duda que sus autores son hombres buenos, por lo que el problema habrá que buscarlo por otro lado. Que es lo que vamos a tratar de resumir a continuación. |
| Última actualización el Viernes, 17 de Julio de 2009 17:11 |



