| La "Última Razón" de la Crisis del Catolicismo |
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| Miércoles, 23 de Septiembre de 2009 14:26 |
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O la razón más profunda, si se prefiere así. La cual no consiste en otra cosa que en el hecho de haberse vuelto de espaldas al Amor. Dicho de otro modo: haberlo rechazado. Ha de tenerse en cuenta que el Amor es el concepto fundamental o clave del Cristianismo: Un mandamiento nuevo os doy…(Jn 13:34). Ahora bien, si las que yo he llamado en algún lugar Teologías de la bondad —por poner un ejemplo decisivo— rechazan la existencia del Infierno, o bien lo reducen a una mera posibilidad real (lo cual es exactamente lo mismo), es porque no admiten la realidad de un Amor ofrecido libremente en totalidad y para siempre —¿y de qué otra forma podría ofrecerse el Perfecto Amor? —; por lo cual tampoco conceden la posibilidad de que tal Amor sea rechazado también libremente en totalidad y para siempre: lo cual es precisamente lo que da paso a la existencia del Infierno.
Pero el Amor perfecto, ofrecido libremente y en totalidad, y que consiguientemente espera también ser aceptado libremente y en totalidad, significa radicalidad; que es la palabra exacta para designar un concepto que hoy tiene mala prensa. Sin embargo, la Doctrina que predica la Buena Nueva del Amor Divino ofrecido al hombre (Cristianismo) se ha desvirtuado (difuminado) en teorías puramente humanas incapaces de colmar el corazón humano: Y si la sal se vuelve sosa, ya para nada vale, sino para ser arrojada fuera y pisada por los hombres. La Doctrina de la totalidad (para la cual había sido hecho el corazón humano (San Agustín: Nos hiciste, Señor, para ti…), se ha descompuesto en la doctrina de los múltiples e insatisfactorios sucedáneos. Pero el Cristianismo no admite componendas. Cuando se trata del seguimiento de Jesucristo, y cuando las cosas pueden convertirse en impedimentos que lo obstaculicen, el discípulo ha de estar dispuesto incluso a aborrecer u odiar lo más querido: Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a los hermanos y a las hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo (Lc 14:26). Y, aunque es evidente que estas expresiones no pueden ser tomadas al pie de la letra, puesto que aquí no se trata de odios, sino de la correcta jerarquización en el Amor —o mejor aún, de poner en su sitio al verdadero Amor—, eso no resta nada a la rotundidad de unas palabras que han de ser consideradas seriamente en su exacto significado. La radicalidad de estos vocablos no pretende otra cosa, en realidad, que dejar bien clara la extrema seriedad de una doctrina de la que hay que alejar el peligro de tomarla a la ligera. Es en este sentido como puede decirse que, pese a su dureza, las palabras del Maestro mantienen toda la literalidad de su significado. El peligro de entenderlas demasiado literalmente, aunque es real, no acecha tan frecuentemente sin embargo como el de leerlas u oírlas de modo superficial. Debe tenerse en cuenta que no se trata aquí de una mera remoción de los obstáculos que impiden el Amor, sino de la erradicación profunda, radical y sin contemplaciones, de todo lo que pueda estorbar la correspondencia al Amor de Jesucristo en completa totalidad. Y no acaba aquí la contundencia de expresiones destinadas a reafirmar la radicalidad de una Doctrina que es fundamental. Todo aquello que se oponga de alguna manera al verdadero Amor, o que le sirva de obstáculo, ha de ser arrancado con tanta decisión como ausencia de vacilaciones. Aunque se trate de algo muy próximo a la propia vida, o que incluso forme parte de ella: Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncalo y arrójalo de ti; pues más te vale perder uno de tus miembros que dejar ir todo tu cuerpo al infierno. Y si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala de ti; pues más te vale perder uno de tus miembros que dejar que todo tu cuerpo vaya al infierno (Mt 5: 29–30). ¿Alguien sabría decir que tiene que ver esto con el Catolicismo de los Encuentros y de las Jornadas, o con el de las grandes Concentraciones eclesiales con más espectáculo que contenido? ¿Con el Catolicismo del Diálogo Concesional (quise decir Interconfesional)? ¿O el de Jesucristo como Mito fabricado por la primitiva comunidad? ¿Tal vez con el de la bondad de todas las Religiones y el respeto a la verdad de cada uno? ¿O el del olvido del sentido del pecado, el del infierno como posibilidad, el de la moral individual y libre, el del destierro de los Sacramentos? ¿Quizá con el de la conversión del Sacrificio de la Misa en una festiva y alegre Comida de Hermandad solidaria…? Breve relación dicha simplemente a modo de ejemplo. |
| Última actualización el Miércoles, 23 de Septiembre de 2009 14:31 |



