| La "Nueva Edad" y una vida más fácil (V) |
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| Escrito por Padre Alfonso Gálvez |
| Sábado, 13 de Marzo de 2010 20:28 |
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LA “NUEVA EDAD” Y UNA VIDA MÁS FÁCIL (LA ELIMINACIÓN DEL “SACRIFICIO”) Los caminos y los pensamientos de Dios, sólo por quienes otean el horizonte pueden ser de algún modo alcanzados. Alcanzados digo, ya que no enteramente comprendidos. Como el Cielo, que sólo en el lejano horizonte, donde se pierde con la Tierra o con el Mar, con ellos consiente unirse; aunque de tal manera y en un punto que jamás por el Hombre ha sido encontrado (Is 55: 8–9). No se puede abajar desde la Cumbre, para igualarlo con la mente humana, lo que por estar demasiado alto, se encuentra a la vez tan lejos y tan por encima de ella. Pese a todo, finalmente el Acto Sacrificial, además de haber sido simplificado en sus ritos, fue vertido a los lenguajes hablados hoy por los Hombres. Con lo que se hacía más fácil de ser entendido, y también aprovechado, por quienes viven en la Era de la Modernidad. Tiempo difícilmente dispuesto, por lo demás, a aceptar formas de pensamiento distintas de las suyas. Para una mentalidad sencilla, con tendencia a la ingenuidad y poco temerosa de ser engañada, el intento no podía suponer sino el deseo de acercar a los Hombres al significado y al contenido del Acto Sacrificial. Sin merma alguna de sus elementos esenciales; pero con una presentación más acorde con los modos de pensamiento de la Nueva Edad. Todo lo cual no pudo calmar el desasosiego de la esposa. Puesto que ella sabía lo que iba a suceder, en realidad, en el mundo de los Hombres. Como así vinieron a demostrarlo los acontecimientos que siguieron.
Pero el Acto Sacrificial, por el que el Esposo rescató a los Hombres y demostró el grado en que los amaba, era la más Alta Manifestación de Amor que han conocido los Siglos. Ahora bien; siendo el Amor el Mayor de los Misterios, también en la Infinitud de lo Inefable, directamente emanado del Ser con el que forma una Sola Cosa, y Motor Único de toda Vida…, no podían los Hombres pretender disminuirlo. Ni aun con el fin de ponerlo al alcance de su razón limitada o de sus baladíes sentimientos: Que es fuerte el amor como la muerte y son como el sepulcro duros los celos. Son sus dardos saetas encendidas, son llamas de Yavé.[1] Donde es de notar, según el texto, que el Amor es igualado en Fuerza con la irresistible que posee la Muerte. Como dotado de un ímpetu semejante al de la Parca, que es la que, con voluntad nunca torcida e imparable, acaba siempre con el destino terreno de los Hombres. Y puesto que el Amor nada tolera que intente suplantarlo o superarlo, de ahí que sean equiparados los celos a la dureza pétrea del sepulcro. Al parecer —pero solamente al parecer—, de nuevo aquí el lenguaje de la metáfora y otra vez a la manera humana; pues ningún otro modo de decir ha sido hallado por el Libro del Esposo. Pero es que el Acto Sacrificial, o la Muerte del Esposo en favor de la esposa, es la mayor demostración de Amor, jamás por ella recibida ni nunca por nadie imaginada; hecha de tal manera y de tal modo, que ninguna otra igual ha sido conocida por los Siglos. Por eso aquí de nuevo, al cabo misteriosamente unidos, como si de andar juntos se tratara, el Amor y la Muerte. Pues no le ha sido dado al hacer del Hombre demostración mayor de Amor que la entrega de la propia Vida, libremente ofrecida a la Parca y hecha en favor de la persona amada: Nadie demuestra mayor amor que el que da la vida por sus amigos.[2] Pues la Muerte, como la Vida, solamente tienen sentido y encuentran su significado, en el Amor y junto al Amor: Si vivimos, con el Señor vivimos; y si morimos, con el Señor morimos.[3] Y dado que la Muerte, después de ocurrida una vez, por Amor, la del Esposo, solamente en el Amor halla sentido, ¿qué de extraño tiene que el Acto Sacrificial, donde el Esposo entrega su Vida por Amor, sea justamente eso y no otra cosa: el Acto y la Demostración de Amor jamás ofrecidos a los Hombres? De esta manera, solamente la Muerte por Amor, cambiado ya en Victoria su antiguo carácter de castigo (1 Cor 15:55), se deja iluminar por la Alegría y tórnase por fin, ya en sus alegres brazos, amorosa. Por eso, desde que el Esposo la hizo suya, solamente la Muerte de Amor es la que cuenta. Como dice la esposa: Sus ojos en los míos se posaron antes de que la aurora despertara, y en tal modo herida me dejaron que si el dulce mirar de mí apartara pronto en muerte de amor yo me encontrara. Sus ojos me miraron antes que el blanco Apolo apareciera, y herida me dejaron de amor, en tal manera, que, de seguir mirándolos, muriera. El Libro del Esposo sigue hablando del Amor y de la Muerte por Amor. De manera tan sublime que parece humana; y de forma a la vez tan elevada, que pronto hace pensar en la divina: No pueden aguas copiosas extinguirlo ni arrastrarlo los ríos. Si uno ofreciera por el amor toda su hacienda, sería despreciado.[4] ¿Los Hombres…? ¿Quienes han sido capaces de confundir y equiparar el Amor con el sexo, van ahora a entender, ya elegidas por fin las posibilidades de su sola razón, amén del corto alcanzar de su lenguaje, lo que es el Sacrificio de Amor…? |
| Última actualización el Domingo, 14 de Marzo de 2010 04:27 |



