| La "Nueva Edad" y una vida más fácil (III) |
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| Escrito por Padre Alfonso Gálvez |
| Lunes, 08 de Marzo de 2010 02:31 |
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LA “NUEVA EDAD” Y UNA VIDA MÁS FÁCIL (LA ELIMINACIÓN DEL “SACRIFICIO”) La Religión estaba decidida a presentar el Sacrificio como más asequible y comprensible ante los Hombres de la Ciudad. Por lo que se propuso como tarea urgente la de otorgarle un carácter más inteligible. Para lo cual sería necesario, y no solamente conveniente, modificar dos elementos de gran relevancia en la configuración del Acto Sacrificial: la simplificación de los ritos ceremoniales, de una parte, y el lenguaje a emplear en la liturgia del Acto Sacrificial, de otra. El primer cambio habría de hacerse mediante la búsqueda de la brevedad y de la sencillez. En cuanto al segundo, la novedad supondría la admisión de la variedad de lenguas utilizadas por los diversos Pueblos de la Tierra. Se le dijo a la esposa que la nueva orientación conduciría a que los Hombres entendieran mejor y más claramente el significado —expresión preferida a la de contenido— del Acto Sacrificial. Todo ello para utilidad de los Hombres, utilizando cada uno su propia lengua. A lo que se añadiría la puesta en práctica de ritos más acordes con la peculiar psicología, costumbres y tradiciones de los Hombres de la Nueva Edad. Por supuesto que despojados tales ritos de la suntuosa y barroca complejidad propia de Edades ya pasadas; además del que había sido hasta ahora para ellos un excesivo sentido de transcendencia, que, en último término, los había rodeado de un cierto carácter de inalcanzable lejanía. En definitiva, lenguaje y ritos ya dispuestos y preparados para ser presentados en una nueva contextura, sin duda alguna mucho más fácil de ser asimilada por la mentalidad del Hombre Moderno.
Sin embargo, tal como suele ocurrir con los sentimientos de tristeza que a veces brotan del corazón humano —sin causa conocida ni razón que los justifique—, así sucedió en esta ocasión con la esposa. Extrañamente y en contra de lo que hubiera sido dable esperar, se sintió de repente gravemente confundida. La esposa recordaba los sucesos —según eran narrados en los Libros de las Crónicas del Esposo— ocurridos en los tiempos lejanos en los que alboreaba la Historia de los Hombres. Allí se decía que, cuando la vida transcurría en pacífica sociedad de unos y otros y uso común de la misma lengua, llegó un momento, sin embargo, en el que, a causa de sus iniquidades, fueron castigados por Dios. Quien transformó su lenguaje en una extraña y angustiosa diversidad de lenguas. De tal manera que los Hombres quedaron sumidos en la confusión y en grave dificultad para entenderse; por lo que se produjo entre ellos una división tan profunda que, hasta el día de hoy, no ha sido aún restablecida (Ge 11: 1–9). Muchos siglos han transcurrido desde entonces, y en verdad que no son idénticas las circunstancias. Con todo, la esposa sufre, abatida y desconsolada; angustiada por el sentimiento de que el Sacrificio —la Muerte por Amor del Esposo— pueda ser tan diversamente interpretado como tan diversamente expresado. Pues aun reconocido el lenguaje como el vehículo en el que viajan las ideas, nadie va a negar la decisiva influencia que las palabras adquieren sobre éstas. Y más aún si las formas de expresar el Sacrificio quedan sometidas, o bien al parecer y arbitrio de Organismos diferentes pertenecientes a Culturas y Países igualmente diferentes, o bien incluso a los meros individuos, a quienes se les ha permitido hablar y actuar según su propio entender. Ante la grande probabilidad de que sean desvirtuadas tamañas Realidades, la esposa se siente invadida por la angustia, movida del temor de que le sea escamoteada la Muerte del Esposo. Se asusta ante la posibilidad de que le sea robada la máxima expresión del Amor del Esposo hacia ella —el Acto Sacrificial—. Y porque atisba también, al mismo tiempo, el peligro de verse privada de compartir con Él el Sacrificio de lo que hubiera sido una mutua y conjunta Muerte de Amor. En último término la esposa teme que le sea ocultado el Esposo y encontrarse a sí misma, tal vez, incapaz de hallarlo de nuevo: Abrí a mi amado, pero mi amado se había ido, desaparecido. Le busqué, mas no le hallé. Le llamé, mas no me respondió.[1] Sus temores distan mucho de ser infundados o exagerados. Pues son ya demasiados los que ya no creen en el Sacrificio, tal como demuestran claramente sus modos de expresión utilizados; en los que se ha dejado de aludir a él para sustituirlo por vocablos como el de Memoria, o el de Símbolo, o el de mera Alegoría. En cuanto a los que aún se reconocen como fieles, dejado ya atrás el tiempo de llamarlo por su nombre, solamente se refieren a él con expresiones cuyo objeto último no parece ser otro que el de ocultar la triste desaparición de la Fe: Comida de Solidaridad, por ejemplo, para aludir al fomento de una pretendida hermandad entre los Hombres; o también Acción de Gracias, a fin de significar gratitud acerca de no se sabe qué y a no se sabe quién. ¿Cómo no va a llorar la esposa? ¡La Muerte del Esposo reducida a la condición de una Comida entre Amigos…! ¡O a un Acto Homenaje, con la intención de agradecer un servicio; cuyo significado, además, importa poco y cuya finalidad a nadie interesa…! Por otra parte, los intentos de la esposa por mantener vivas y candentes las relaciones de Amor con el Esposo…, o para evitar, en definitiva, que se vea desvirtuado y desaparecido lo que de por sí es Inmutable y Eterno —el verdadero Amor—, no han conducido a otra cosa sino a verse por todas partes escarnecida y perseguida: Encontráronme los guardias que rondan la ciudad, me golpearon, me hirieron, me quitaron el velo los centinelas de las murallas.[2] Pero la esposa nunca ha pensado en un modo fácil de compartir la Vida y la Muerte del Esposo. Ella sabe muy bien que al Amor no se le encuentra por las sendas que descienden del Monte la Ausencia–de–Esfuerzo. ¿Por qué iba a desear una relación de Amor con su Esposo que discurriera entre naderías, ausente de sacrificios y renuncias, y a la que faltara la fuerza y la consumación de la entrega amorosa hasta la Muerte…? Conocedora de que el Esposo ha elegido para Él la Senda Estrecha, ella no desea seguir otra. Solamente caminar con Él, vivir con Él y morir con Él. Por eso le dice al Esposo: ¿Cuál de tus ansias es la más soñada? Me preguntaste ayer por el sendero. Miré a tus ojos, y dije enamorada: Morir de Amor por ti es lo que yo quiero. |



