La noche está avanzada Imprimir E-mail
Escrito por Padre Alfonso Gálvez   
Jueves, 25 de Febrero de 2010 18:10

La noche está avanzada y el día ya está cerca, decía el Apóstol San Pablo a los cristianos de Roma.[1] Para San Juan de la Cruz, la medianoche era la parte más densa y profunda de la noche: la igualmente alejada del crepúsculo vespertino como del amanecer. Pero cuando la Noche está muy avanzada, es que está cerca el momento de la aparición de la aurora. El instante en el que pronto se hará visible el brillante e intermitente destello de la estrella matutina: Hasta que alboree el día y el lucero de la mañana amanezca en vuestros corazones (2 Pe 1:19).

 

Mientras tanto por ahora la Noche continúa. La Iglesia se debate en la oscuridad y contempla a sus hijos que sufren, confundidos y angustiados, puesto que no conocen el lugar donde han puesto a su Señor: Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.[2] Y si bien es verdad que aún sigue sonando en sus oídos la promesa que de Él recibieron, según la cual las Puertas del Infierno nunca iban a prevalecer (Mt 16:18), también contemplan temerosos cómo las tinieblas siguen su marcha, sin detenerse, hacia el Abismo de la Nada. La Iglesia está ahí, sin duda alguna; pero, ¿dónde, y cuál es el modo de encontrarla?  Pues mientras que unos dicen que aquí está la verdadera, otros aseguran que la auténtica es otra diferente. Todo lo cual sucede porque, así como en tiempos más remotos la Iglesia era visible, ahora en cambio, según se les ha dicho a los fieles, se encuentra diluida en la totalidad de una Humanidad que, por otra parte, se ha vuelto cristiana sin saberlo.

 

Así las cosas, las ovejas miran ansiosas a sus Pastores, por más que no oyen el silbido que habría de guiarlas. Por lo que han llegado a pensar que son extraños quienes las conducen: Pero a un extraño no le seguirán, sino que huirán de él; puesto que no conocen la voz de los extraños (Jn 10:5). Y lloran con amargos gemidos y tristes lamentos, pues no vislumbran por ahora el regreso del Señor. Mientras tanto, también la esposa de El Cantar de los Cantares solloza anhelante por la ausencia del Esposo: 

 

Abrí a mi amado,

pero mi amado se había ido, desaparecido.

Le busqué, mas no le hallé.

Le llamé, mas no me respondió.[3]  

 

Busquéle y no le hallé.

Encontráronme los guardias

que hacen la ronda en la ciudad:

¿Habéis visto al amado de mi alma?  [4]

 

¿Habéis visto al amado de mi alma? … Fueron preguntando con insistencia. Hasta que, al fin, les fue dicho que podían buscarlo por todos los caminos; puesto que todos conducen a lo mismo y todos acaban en el mismo sitio. Las ovejas sabían, sin embargo, que los senderos que conducen al mismo sitio son justamente aquéllos que acaban en la Tierra de Ninguna–Parte.

 

¿Qué hacer, por lo tanto, y cómo vivir sin Él?  ¿Adónde dirigir la búsqueda, cuando las tinieblas no dan lugar para encontrar camino alguno que hasta Él conduzca?  ¿Acaso se ha alejado definitivamente de ellas…?  Y de nuevo el lamento de la esposa, que no logra encontrarlo en la Noche que, por todas partes, la envuelve: 

 

De noche se marchó hacia la montaña,

de noche se marchó por el sendero,

de noche me dejó, por tierra extraña,

de noche me quedé sin compañero.

 

Y sin embargo Él había dicho que estaría con sus ovejas hasta la consumación de los siglos (Mt 28:20). Por lo que la esposa, confiada, prosigue en su búsqueda incansable, convencida de que no ha sido abandonada y de que ambos al fin acabarán por encontrarse: 

 

Dime tú, amado de mi alma,

dónde pastoreas, dónde sesteas al mediodía,

no venga yo a extraviarme

tras de los rebaños de tus compañeros.[5]

 

Es por eso que muchos se extrañan de su búsqueda. Y de ahí que le pregunten, extrañados, mientras que ella responde: 

 

¿Adónde vas, pastora,

buscando por el valle y el collado?   

 

Tras el que me enamora;

en la majada abandoné el ganado,

y voy buscando ahora

hasta el lugar donde sestea el Amado.

Mas, si lo viste, acaso,

muéstrame tú las huellas de su paso.

 

Es verdad que la noche está ya muy avanzada y tal parece que hasta sin visos de acabarse. Y mientras tanto, quienes aman y sufren por la ausencia de su Señor, aguardan anhelantes su regreso.

 

Sin embargo, si la noche está ya muy avanzada, la señal es segura de que el día está cerca. Al igual que al invierno le sigue la primavera. Por lo demás, como decía en El Señor de los Anillos el héroe Gandalf, no todas las lágrimas son malas. Al final se descubre que el Esposo tenía razones para dejar a la esposa en el destierro, pues para los que aman a Dios todo lo que les sucede es para su bien.[6]

 

Y es que la ansiedad de la espera, junto a la nostalgia por la ausencia, aumentan la fuerza del Amor. Pues si mucho ama quien mucho espera, nadie demuestra más Amor que quien sufre y entrega la vida por la persona amada (Jn 15:13). A la luz que proporcionan los destellos de la alborada, las explicaciones se iluminan. Pues quienes fueron fieles al Maestro participarán más fuertemente de su Cruz y, a través de ella, de su Muerte. Todo había sido para un mayor Amor por parte de los elegidos. Pues si a la oscuridad sigue la luz, a la Noche le sucede el Día. Es cuando ha llegado el momento de decir: 

 

Cuando la Noche el manto ha abandonado

y al alba sigue la rosada aurora,

ansioso corro hasta el florido prado

a encontrarme otra vez junto al Amado,

aparecida al fin la dulce hora

en que el tiempo de amar es ya llegado.



[1]Ro 13:12.

[2]Jn 20:13.

[3]Ca 5:6.

[4]Ca 3:3.

[5]Ca 1:7.

[6]Ro 8:28.

Última actualización el Viernes, 26 de Febrero de 2010 02:40