| La Juventud con el Papa (y III) |
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| Escrito por Padre Alfonso Gálvez |
| Sábado, 12 de Septiembre de 2009 00:00 |
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**Aunque esto no es todavía lo más importante. **Pues todo parece indicar que existe satisfacción general con el hecho de que el acontecimiento se haya celebrado; simplemente y sin más. Como si ése y no otro hubiera sido el único objetivo propuesto. En realidad todos los datos negativos aportados serían todavía cuestionables, si acaso alguien se empeñara en hacerlo (como siempre ocurre). Pero existe un hecho que es absolutamente indiscutible: La tremenda realidad de que nadie parece haberse cuidado de examinar los resultados producidos por el Encuentro. **¿Acaso (consciente o inconscientemente) no se había pensado en otro objetivo que en el mero hecho de celebrarlo…? Lo razonable, como es lógico, es dar por supuesta la existencia de los suficientes motivos pastorales referentes al bien espiritual de la Juventud. Pero, de ser así, ¿han procurado los analistas de Pastoral, una vez llevado a cabo el acontecimiento, examinar concienzudamente sus resultados (favorables o no, teniendo en cuenta también los elementos negativos en concurrencia)? En todo caso, ¿dónde y cuando se han hecho públicos los resultados de tales investigaciones? La verdad es que los pocos que se han atrevido a formular reparos, casi siempre con buena voluntad, han sido inmediatamente silenciados. Tachados de preconciliares, tradicionalistas, enemigos del progreso y, sobre todo, ajenos al espíritu del Concilio Vaticano II. Y es de todos sabido que la apelación al espíritu del Concilio es el arma secreta, pero eficaz, esgrimida por la teología progre para descalificar a quienes intenten oponer algún reparo. Es indudable que los cambios introducidos en la nueva Teología, reflejados a su vez en la nueva Liturgia y la nueva Pastoral, han sumido a muchos en la confusión. Son demasiadas las ovejas del Rebaño de Jesucristo que andan desorientadas. Y sin embargo no puede decirse exactamente lo mismo con respecto a los Jóvenes. Pero entonces, si lo dicho no tiene aplicación a los Jóvenes, ¿acerca de qué venimos hablando? No puede asegurarse, en efecto, que los Jóvenes de las actuales generaciones se encuentran desorientados; por la sencilla razón de que nunca han estado enteramente orientados. Pues no es posible descarriarse sin encontrarse primero dentro del carril. Se puede pregonar a los cuatro vientos que la Juventud está con el Papa; airear eslóganes supuestamente improvisados por los Jóvenes, como el Totus tuus u otros semejantes; proclamar Manifiestos, elaborados en Concilios de Jóvenes (aunque en realidad más bien parecen redactados por ancianos), dirigidos a los adultos o a una burguesía enemiga del progreso, etc. En realidad son muchas las cosas que se pueden hacer, siguiendo la pauta de un pensamiento triunfalista que hace extensiva la Primavera eclesial también a la Juventud. Pero la verdad, la cual se impone a sí misma de modo irrefutable a través de la evidencia de los hechos, deja bien patente que la Juventud, al menos en su generalidad, ni está con el Papa ni está con la Iglesia. Lo cual puede sonar mal piis auribus; las cuales se empeñarán en negarlo, como de hecho suele ocurrir. El problema estriba, sin embargo en que, quienes lo niegan no suelen explicar la total falta de vocaciones: en seminarios, en noviciados y a la vida consagrada en general; así como tampoco la deserción general de los Jóvenes con respecto a los templos, a los actos de culto y a la práctica de sacramentos. Por lo demás, igualmente se puede negar cualquier aforismo, como el que establece que el todo es mayor que la parte, o incluso la simple cuenta numérica de que dos y dos son cuatro. De todos modos sería falso, además de injusto, pretender que todos los Jóvenes y la totalidad de la Pastoral católica funcionan según tales parámetros. Todavía hay Jóvenes e instituciones católicas juveniles que conservan el frescor y la vitalidad de la Iglesia de siempre. Aún sigue siendo verdadera la exhortación del apóstol San Juan: Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, la palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al Maligno.[1] Sin embargo se trata de minorías. Porque si nos referimos a la generalidad de la Juventud, a la que todos contemplamos cada día, el análisis esbozado arriba, lejos de ser inexacto, no llega a reflejar en su plenitud la gravedad del problema. De todos modos, todo el mundo estará de acuerdo en que la crítica por sí sola no resuelve ningún problema; lo cual es cierto. Pero aquí no se pretende otra cosa que llamar la atención acerca de la posible necesidad de dar un nuevo enfoque a la Pastoral de los Jóvenes. Quizá existan en ella determinados aspectos que debieran ser revisados con urgencia para hacer frente al problema; al fin y al cabo uno de los que más fuertemente están incidiendo en la vida de la Iglesia. |
| Última actualización el Martes, 22 de Septiembre de 2009 13:41 |



