| La Juventud con el Papa (II) |
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| Miércoles, 09 de Septiembre de 2009 00:00 |
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Una cosa que llama poderosamente la atención es el hecho de que las empresas y actividades eclesiales nunca suelen elaborar un análisis de resultados. Al contrario de lo que sucede en la vida civil. Donde cualquier empresa, ya sea grande o pequeña, se ve obligada a llevar a cabo un minucioso estudio acerca de los resultados obtenidos, los cuales pueden consistir en pérdidas o en beneficios. Toda empresa pone buen cuidado en atender al éxito o fracaso de sus actividades: si se obtienen ganancias o dividendos, y cómo y porqué se consiguen los beneficios; o bien si se producen pérdidas, y cómo y porqué se producen. De no hacerse así, no sólo es improbable que se produzca cualquier aumento de productividad, sino que incluso puede darse lugar, casi con toda seguridad, a la ruina de la empresa. En las actividades eclesiales nunca se buscan ganancias a traducirse en dinero (aunque existen expertos en convertirlas en negocios sumamente lucrativos). Los dividendos de estas actuaciones se refieren exclusivamente al mundo de lo sobrenatural, que en este caso contempla el mayor bien y aprovechamiento de las almas, a saber: la extensión y el incremento entre los hombres de la existencia cristiana. Sin embargo, tal carácter es precisamente lo que hace que aquí sea aún más importante el examen de los resultados. Puesto que lo que ahora está en juego no son ya beneficios de corte económico, sino la salvación de los hombres. De aquí que sería cosa de locos dejar de examinar este punto. Debe tenerse muy en cuenta, aunque por otra parte se cosa que no acostumbre a hacerse, que aquí no pueden medirse el éxito y los buenos resultados por el número de asistentes al acto; ni por su repercusión entre los media; ni por la magnitud o la intensidad de los gritos de entusiasmo y aclamaciones dirigidos al Pontífice (acerca de los cuales debe reconocerse que no serían difíciles de provocar, gracias a las modernas técnicas del manejo de masas populares); ni por las leyendas o lemas exhibidos en las pancartas o los eslóganes pregonados a coro; sino sólo y únicamente por el incremento de vida cristiana que se haya producido (o que no se haya producido) en los Jóvenes.[1] **Durante el Encuentro de Jóvenes celebrado en Australia (Sidney, Australia, Julio del 2008), Su Santidad Benedicto XVI afirmó en algún discurso que Australia había tenido ocasión de conocer el rostro joven de la Iglesia. Hermosa frase, sin duda alguna veraz y merecedora de plena acogida, dada la Persona por quien fue pronunciada. **Sin embargo, como todo el mundo sabe, tanto en las grandes o pequeñas empresas de negocios, como en cualquiera de las que emprenden movimientos sociológicos de envergadura, los análisis de resultados no suelen tener en cuenta como fundamento ni el contenido ni el encanto de las bellas frases. Desde luego no experimentan la necesidad de sentirse vinculados a la Literatura o la Poesía. Muy al contrario, puesto que se trata de estudios concienzudos, elaborados mediante la aportación de minuciosos cálculos de datos económicos, financieros, matemáticos y estadísticos. Los cuales examinan con pulcritud las vicisitudes experimentadas hasta por el último centavo, en un intento por concluir, como cuestión vital, si la gestión ha resultado con un saldo de pérdidas o de ganancias. **Indudablemente los Encuentros de Jóvenes con el Papa, o Jornadas Mundiales de Juventud, no pertenecen a ese ámbito de actividades. Lo que tampoco debe ser óbice para que se examinen con diligencia sus resultados. Al fin y al cabo también se trata de un negocio, aunque referido en este caso exclusivamente al bien de la Iglesia y a la salvación de las almas. Y es en este sentido donde tales Encuentros han dado ocasión a algunas observaciones de carácter negativo que, no por cuestionables, deben dejar de ser tenidas en cuenta. En todo caso, además de haber sido formuladas con la mejor buena voluntad, se fundamentan en hechos patentes, imposibles por lo tanto de negar. **Se sabe con toda certeza, por ejemplo, acerca de la actividad desplegada entre los jóvenes asistentes por grupos de activistas promotores de la homosexualidad y del lesbianismo, así como también del trabajo realizado por las sectas protestantes y propagandistas judíos, los cuales han llevado a cabo una labor incansable y a menudo bastante fructuosa. Igualmente evidente ha resultado la profusión y circulación de anticonceptivos, así como el uso del sexo y el consumo de droga (existen también documentos gráficos que no admiten duda). Dado además que en estos actos de culto de carácter tumultuoso existe la costumbre de recibir la Eucaristía indiscriminadamente, la profanación en masa del Cuerpo del Señor es algo más que una mera posibilidad. Por otra parte, ni en este último ni en los demás Encuentros ha podido apreciarse resultado alguno en cuanto al incremento de la vida cristiana de los jóvenes, puesto que las cosas han continuado, de regreso a los respectivos países, exactamente igual que antes; e incluso se ha comprobado una importante regresión en su Fe que ni siquiera ellos mismos han tratado de ocultar. (A continuar) [1]El texto entrecomillado, transcrito a continuación, está tomado de Alfonso Gálvez, Siete Cartas para Siete Obispos, vol. I, Shoreless Lake Press, Stewastville, New Jersey, 2009, pags. 275–277. |



