La Esperanza Cristiana (Parte III de III) Imprimir E-mail
Lunes, 29 de Junio de 2009 00:00

Ha sido para mí un tiempo largo en el que me he visto afectado por multitud de acontecimientos. Muchos de los cuales han sido dolorosos y han impactado profundamente en mi vida.

 

He visto a mi Patria desaparecer como Nación y quedar reducida a un mero recuerdo a citar por la Historia. También he tenido que presenciar su apostasía del Catolicismo, con el consiguiente abandono de su Fe, de su Historia, de sus tradiciones y de su pasado glorioso. Ya había profetizado Menéndez y Pelayo[1] que España desaparecería como nación cuando dejara de ser católica. Tal como ha sucedido, donde los hechos parecen indicar que existe una necesaria relación de causa a efecto entre lo uno y lo otro. Y todo para entregarse a un paganismo grosero incapaz de darse cuenta de que se halla al borde de un abismo, ante la pasividad y el silencio de la entera sociedad y aun de su propia Jerarquía eclesiástica; como si tanto unos como otros pensaran que nada sucede: Pues como en los días que precedieron al diluvio comían y bebían, tomaban mujer o marido hasta el día mismo en que entró Noé en el arca y no se dieron cuenta sino cuando llegó el diluvio y los arrebató a todos.[2]

 

Así es como he sido golpeado por el dolor de contemplar y sufrir desde dentro, puesto que también soy miembro de la Iglesia, la descomposición del Catolicismo. Que se va reduciendo a su mínima expresión con perspectivas cada vez peores. Me he visto obligado a soportar los fuertes ataques de la herejía modernista, con todo lo que han llevado consigo: la anarquía general en la Liturgia; la aparición en la Pastoral de los teatrales shows multitudinarios, con la pretensión de hacer creer en la existencia de un Catolicismo próspero que no existe; la crisis de Fe y el consiguiente cuestionamiento de casi todos los dogmas; la corrupción de buena parte de la Jerarquía, incluidos los más altos rangos que incluso a veces no tienen inconveniente en confesar abiertamente, ya su falta de Fe, ya su actitud de burla ante la Moral; las deserciones en masa de católicos a otras confesiones cristianas; la renuncia expresa y clara, por parte de la Iglesia, a una misión esencial, recibida de manos del mismo Jesucristo (Mt 28:19), cual es la actividad misionera. . . , por no hablar del triste espectáculo ofrecido por las Órdenes religiosas en general desbandada, o el de la Juventud apartada de la Iglesia y la consiguiente falta casi total de vocaciones. . .

 

Y por si esto fuera poco, he tenido que soportar la pretensión, acosado desde todas partes, de que acepte como válida la Gran Mentira. La misma que consiste en admitir, como verdad inconcusa, que la Iglesia se encuentra en ese mejor momento de su Historia que ha sido denominado, ignoro si con ironía o con burla, la Primavera de la Iglesia.

 

Y algo todavía más doloroso. Junto a todo lo dicho, me he visto en la necesidad de aceptar, a lo largo de mi vida, la indiscutible verdad de que una Jerarquía corrompida sigue siendo la Jerarquía de la Iglesia. No me era posible prescindir de ella, si es que deseaba seguir formando parte del Rebaño de Jesucristo: Ubi Petrus, ibi Ecclesia. De donde he ahí de nuevo la prueba de que la obediencia es la prueba de la fidelidad, que es lo mismo que decir del Amor: Oboediens usque ad mortem, mortem autem crucis.[3] Porque si no siempre será posible, ni tampoco necesario, el hecho de comprender, sí que es preciso en cambio mantenerse con constancia en la fidelidad (Jn 20:27).

 

Existen, por lo tanto, sobrados motivos para adoptar la actitud de esperar contra toda esperanza. Una esperanza que, a la vez que da por supuesta la realidad de la lucha, garantiza la seguridad del Premio a quienes han confiado y resultado triunfadores en el combate: Y al que venza, yo le daré a comer del árbol de la vida. En este sentido, el cristiano sabe bien que lucha sobre seguro: Así pues, yo corro no como a la ventura, lucho no como quien golpea al aire. . . [4]

[Tomado del libro "Siete Cartas a Siete Obispos" Vol I (pp. 440 - 442)(sin publicar)]


[1] Menéndez y Pelayo, Historia de los Heterodoxos Españoles, Epílogo.

[2] Mt 24: 38-39.

[3] Flp 2:8

[4] 1 Cor 9:26

Última actualización el Martes, 30 de Junio de 2009 03:54