| La Esperanza Cristiana (Parte II de III) |
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| Sábado, 27 de Junio de 2009 19:22 |
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A los cristianos de nuestro tiempo - y me refiero particularmente a los católicos, que somos quienes integramos la Única y Verdadera Iglesia - nos ha correspondido vivir una situación en la que recurrir a la esperanza es cuestión de supervivencia. Y no nos faltan motivos. Pues la Iglesia se encuentra atravesando momentos quizá los más graves que ha conocido a lo largo de su Historia. Por lo que a mí respecta, Dios ha permitido que conozca, a través de una vida duradera, las vicisitudes de la Iglesia a través de dos períodos bien diferentes de su Historia.
El primero al que me refiero, que abarca la mayor parte del siglo XX, fue un período de relativa calma y estabilidad para el Catolicismo. Si acaso se puede hablar de tranquilidad en medio de los problemas que, en realidad, jamás han estado completamente ausentes de la vida de la Iglesia. Fue en este período, por ejemplo, cuando tuvo lugar la primera invasión de la herejía modernista, la cual fue fácil y rápidamente aplastada por los Papas Pío IX y San Pío X. A pesar de todo, la Iglesia se extendía y prosperaba, se multiplicaban las conversiones, crecía el número de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, aumentaba el prestigio de la Jerarquía y especialmente el de los Papas, e incluso algunos grandes países, como los Estados Unidos de América, llegaron a conocer una etapa tan próspera del Catolicismo como que prometía una singular cosecha de adhesiones a la Iglesia. El segundo período, en el que todavía permanecemos, es de signo tan diferente que hasta se puede calificar como opuesto. Comenzado en el momento de la muerte de Pío XII, está marcado por unas palabras del Papa Juan XXIII, su sucesor, con las que el nuevo Pontífice afirmó que había decidido abrir las ventanas del Vaticano. Aparte de eso, el mismo Juan XXIII, inspirado por el Espíritu Santo – son palabras suyas -, tuvo a bien convocar el Concilio Vaticano II. Muchas veces a lo largo de estos años, a la vista de los acontecimientos, he pensado en la posibilidad de que el Papa, víctima quizá de alguna equivocación, hubiera abierto involuntariamente la Caja de Pandora en vez de las ventanas del Vaticano. Igualmente me he preguntado a menudo, aunque como es lógico sin encontrar respuesta, acerca de las posibles razones que impulsarían al Espíritu Santo - si hemos de dar fe a las palabras del Papa - a inspirar la convocación de un Concilio, teniendo en cuenta la situación en la que la Iglesia se encontraba. Me apresuro a advertir que no pretendo llevar a cabo una tarea de enjuiciar conductas que en modo alguno me corresponde. Doctores tiene la Iglesia. Y menos todavía en lo que se refiere a las posibles decisiones a tomar por el Espíritu Santo. Me limito a referir situaciones de hecho, y no he pretendido decir otra cosa sino que a menudo me he interrogado a mí mismo acerca de cuestiones de gravedad y transcendencia. Nada diferente de lo que suele hacer cualquier persona a la que preocupen los acontecimientos que le afectan.
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| Última actualización el Domingo, 28 de Junio de 2009 12:45 |



