| La Alegría ante la Oveja Perdida y de nuevo hallada |
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| Domingo, 05 de Julio de 2009 13:34 |
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Cuando el dueño de las ovejas encuentra, por fin, a la oveja perdida, la pone sobre sus hombros y la conduce a casa: Y cuando la encuentra, la pone gozoso sobre sus hombros, y al llegar a casa…[1] El gesto de conducir a la oveja sobre los hombros, una vez hallada, está lleno de ternura. Es indudable que aquí se quieren subrayar la intimidad y la intensidad del amor. Da la impresión de que el dueño de las ovejas ama ahora más intensamente a la que se había perdido; y es seguro que, de no haber ocurrido el extravío seguido de la búsqueda y del hallazgo, la oveja nunca habría sido objeto de la caricia amorosa de ser conducida sobre los hombros de su dueño. Tal como sucede paralelamente en la parábola del hijo pródigo, cuando el padre abraza amorosamente al hijo al regreso de éste (Lc 15:20).
Por fin, cuando el Pastor de las ovejas llega a casa, recobrado ya el objeto de su amor, tiene lugar la fiesta de la alegría. No es para menos porque - como decía también el padre del hijo pródigo - ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado.[2] Aquí ocurre lo mismo, una vez que la esposa ha sido hallada y recuperada definitivamente: Y, al llegar a casa, llama a los amigos y vecinos, y les dice: “Alegraos conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido”.[3] Las fiestas y banquetes nupciales son el prólogo a la consumación del amor. El Banquete del Reino de los cielos no será otra cosa que la consumación definitiva del amor: Voy, voy a mi jardín, hermana mía, esposa,//a coger de mi mirra y de mi bálsamo;//a comer la miel virgen del panal,//a beber de mi vino y de mi leche.//Venid, amigos míos, y bebed//y embriagaos, carísimos.[4] La fiesta de la alegría se celebra porque las peripecias de los que se aman han llegado a su fin. Han terminado las búsquedas y las ausencias, al mismo tiempo que la nostalgia ha sido sustituida por la mutua y definitiva presencia de los que se aman. El deseo de la esposa - que es también el del Esposo - se ha visto por fin realizado: Se dio cuenta Jesús de que los discípulos le querían preguntar, y les dijo: “Andáis preguntándoos entre vosotros porque dije: 'Un poco y ya no me veréis; y otro poco, y me veréis'. En verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, pero el mundo se gozará; vosotros os entristeceréis, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz un niño, ya no se acuerda del dolor, por la alegría de que ha nacido un hombre en el mundo. Pues así también vosotros: tenéis ahora tristeza, pero os volveré a ver y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría”.[5] Pero los textos siempre acaban insistiendo en lo mismo: la fiesta de la alegría del amor no se celebra hasta que se llega a casa. En el hogar, que es lugar de término y de descanso, y no en el camino, que es todavía lugar de fatiga y de peregrinación. La vida es una mala noche pasada en una mala posada, decía Santa Teresa de Jesús. Para la parábola de la oveja perdida, tampoco la alegría es completa hasta que se llega a casa: . . . Y, al llegar a casa, llama a los amigos y vecinos y les dice. . .[6] De manera que al término del camino y solamente cuando llegue ese momento. Mientras tanto la esposa seguirá buscando afanosamente al Esposo. Y continuarán también las búsquedas y las ansiedades, al tiempo que se sigue caminando hasta el final de la carrera, en incansable peregrinación: Si vas hacia el otero, deja que te acompañe, peregrino, a ver si el que yo quiero nos da a beber su vino en acabando juntos el camino. (Del libro "Comentarios al Cantar de los Cantares", Volumen I, págs. 83 - 86)
[1] Lc 15: 5-6 [2] Lc 15:32 [3] Lc 15:6 [4] Ca 5:1 [5] Jn 16: 19-22 [6] Lc 15:16 |
| Última actualización el Lunes, 06 de Julio de 2009 01:49 |



