| En la Ausencia de Jesús (I) |
|
|
| Escrito por Padre Alfonso Gálvez |
| Jueves, 09 de Febrero de 2012 05:03 |
|
Las gotas del rocío
prendidas en las flores del collado,
al ver el llanto mío
por causa del Amado,
de envidia suspiraron a mi lado.
Jesús comprendió muy bien la tristeza de sus discípulos ante el anuncio de su marcha. Y puesto que las razones que alimentaban el sentimiento de los apóstoles eran sobradamente abundantes, se apresuró a consolarlos: No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ``Me voy y vuelvo a vosotros''. Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo...Porque os he dicho esto, vuestro corazón se ha llenado de tristeza; pero os digo la verdad: os conviene que me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros (Jn 14:28; 16: 6--7). Y eso a pesar de que la ausencia y alejamiento del Señor, con respecto a sus discípulos, sería cosa momentánea y breve. Tal fue la situación entonces. Mientras que para nosotros, por el contrario, que peregrinamos por ahora en esta Tierra, la situación es más triste y, desde luego, más dolorosa; puesto que solamente podremos verlo y gozar de su presencia al final del Camino por el que discurre nuestra vida: Nosotros siempre estamos llenos de buen ánimo, aun sabiendo que mientras moramos en el cuerpo, estamos en destierro lejos del Señor, pues caminamos en la fe, y no en la visión (2 Cor 5: 6--7). Evidentemente el buen ánimo del que habla San Pablo corresponde aquí a una situación de a pesar de, mejor que a la de a causa de. Pues una de las primeras cosas que ha de aprender todo ser humano que viene a este mundo, salvo que quiera ver su vida extraordinariamente acortada y llena de sobresaltos, es la de poner buena cara a los malos tiempos. Ciertamente no cabe duda de que viajamos a través de un Valle de Lágrimas, en el que la ausencia del Señor (al menos aparente) es justamente la principal causa de dolor para un cristiano. De tal modo que, para él, la nostalgia llega a convertirse en el estado de ánimo más normal y frecuente en su vida: Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir una ganancia...Me siento apremiado por los dos extremos: el deseo que tengo de morir para estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor, o permanecer en la carne, que es más necesario para vosotros (Flp 1:21. 23--24). Idéntico sentimiento de ansiedad y de tristeza por la ausencia del Amado, al mismo tiempo que lo busca apasionadamente, es el que manifiesta la esposa de El Cantar de los Cantares. Y es que el ser humano puede encontrarse carente y necesitado de tantas y tantas cosas en este mundo; pero ninguna tan grave y dolorosa como la que supone para él la falta de presencia de la persona amada (3: 1--3):
En el lecho, entre sueños, por la noche,
busqué al amado de mi alma,
busquéle y no le hallé.
Me levanté y recorrí la ciudad,
las calles y las plazas,
buscando al amado de mi alma.
Solamente podría existir aquí una desgracia mayor y más amargamente espantosa. Cual es la de experimentar una mera indiferencia ante tal ausencia y que, a su vez, no sería otra cosa que una premonición de la indefinible soledad a sufrir en la eterna condenación. Pero antes de continuar con el tema, es bueno advertir de antemano que el buen ánimo del que antes hablaba San Pablo, o la envidia de las gotas del rocío de las que también habla nuestro verso ante las lágrimas por la ausencia del Amado,
... al ver el llanto mío
por causa del Amado,
de envidia suspiraron a mi lado,
son otra prueba de la constante paradoja en la que discurre la existencia cristiana, a saber: dolor por la ausencia de la persona amada y alegría, por contraste, cual es la ocasionada por tal sentimiento de dolor. Y es que estamos de nuevo ante otro de los insonsables misterios del amor: Si me amarais, os alegraríais de que yo me vaya... En resumen: un apasionante y olvidado tema en el que habrá que insistir después. El problema de la ausencia del Señor ha sido siempre la gran prueba a la que se han enfrentado los místicos, además de ser tema constante y repetido en el desarrollo de la oración contemplativa, tal como aparece en la Espiritualidad cristiana:
De tu vergel un ave
por tu ausencia cantaba en desconsuelo;
y oyó tu voz suave,
y alzándose del suelo,
a buscarte emprendió veloz su vuelo.
Y continuando, una vez más, con la línea ininterrumpida de las paradojas en el desarrollo de la vida cristiana, conviene tener en cuenta que la falta de este sentimiento de nostalgia y de tristeza, es justamente lo que convierte la vida humana en una situación de angustia y vacío existenciales ---esta vez auténticos y de verdadera amargura---. Y así transcurre, por desgracia, la vida ordinaria del común de las gentes..., y de la inmensa generalidad de los cristianos. De donde la famosa frase en la que se decía, con toda verdad, que en la vida humana solamente existe una tristeza: la de no ser santos. |
| Última actualización el Viernes, 10 de Febrero de 2012 10:26 |



