El Mito de la "Solidaridad" Imprimir E-mail
Martes, 20 de Octubre de 2009 00:00

El Nuevo Orden de la fraternidad universal, propugnado por la Masonería como una sustitución del Amor, es otra utopía más de las muchas y variadas que el Sistema se saca de la manga. No es que pueda decirse que va a fracasar, puesto que para eso tendría que haber visto la luz primeramente. Lo que es algo que ni ha ocurrido ni ocurrirá nunca.

 

Si para la Masonería la Religión no es más que una vulgar superstición, propia de tiempos pretéritos de oscuridad e ignorancia, es lo cierto que, de una manera o de otra, la Religión ha existido durante un tiempo que viene a coincidir con el de la historia de la humanidad…, con bastantes probabilidades de que lo siga haciendo a pesar de la depresión que actualmente sufre. Mientras que la fraternidad universal, considerada como el remedio de todos los males, no ha pasado nunca de ser otra memez de las muchas imaginadas por los hombres del mandil…, sin perspectivas en el horizonte de que la cosa vaya a ser de otra manera. Prueba de ello es, entre otras, el fracaso de la así llamada solidaridad, nuevo truco de magia inventado para sustituir a los conceptos de caridad o al de Amor, y que ha sido aceptado universalmente incluso por la Iglesia Católica; pero que no es sino un mero flatus vocis cuya efectividad no pasa del sonido que se produce al pronunciarlo. En realidad ya San Pablo había aludido a lo anodino del ruido producido por instrumentos como las campanas o los címbalos: afecta al tímpano durante unos segundos para desvanecerse enseguida (1 Cor 13:1).

 

En la sociedad moderna, la palabra solidaridad ha quedado reducida a una voz sin contenido, utilizada principalmente por los políticos para engañar a los bobos. Y también por la Teología y la Jerarquía Eclesiástica progres, obedeciendo seguramente a las exigencias de su conocido complejo de inferioridad y de temor ante el Mundo; una carga de la que, por desgracia, se sienten incapaces de abandonar. Pero, la verdad sea dicha, nadie cree en la famosa solidaridad como no sea para hablar de ella. Lo mismo que sucede con Papa Noel, que nadie sabe quién es o qué significa; pero que sirve como instrumento para potenciar las ventas de los grandes almacenes, para engañar a los lelos y también para distraer a los niños. Por cierto que también utiliza una campanilla, a la que hace sonar incansablemente; quizá para conseguir que, huyendo de la molestia del ruido, circulen más aprisa los viandantes que circulan por las aceras.