El Mandamiento Nuevo Imprimir E-mail
Jueves, 02 de Julio de 2009 16:05

No debe olvidarse que el mandamiento nuevo, y en realidad único, que el Maestro dejó a sus discípulos es el mandamiento del amor (Jn 13:34; 15:12). Por desgracia, la catequesis oficial no siempre lo tiene presente, y por eso tiende a abrumar a las ovejas con una sobreabundancia de mensajes que, con frecuencia, poco tienen que ver con el pasto que ellas necesitan como alimento. Tales mensajes suelen referirse a la ciudad terrena más que a la celestial, y dan la sensación de que la catequesis oficial, a pesar de lo que dice la Carta a los Hebreos, está convencida de que los cristianos han encontrado ya, por fin, su patria definitiva y no tienen que esperar otra futura (Heb 13:14, a sensu contrario).

 

Incluso la catequesis del dogma del Infierno (que nunca debería ser omitida) tendría que hacerse desde el punto de vista del amor, en cuanto que la única explicación comprensible del Infierno es la del amor voluntariamente rechazado y perdido. Pero la catequesis oficial no habla hoy del Infierno, por la misma razón por la que tampoco suele hablar del verdadero Amor. En la actualidad no es infrecuente que las ovejas del rebaño de Cristo se vean obligadas a alimentarse de pastos que no son los más indicados para nutrirlas: ecologismo, pacifismo, racismo, sistemas y manejos políticos, derechos humanos, ecumenismos irenistas, justicia social. . . El hecho de que un nuevo Estado, por ejemplo, sea o no reconocido por el Vaticano, podrá tener importancia bajo ciertos aspectos, pero es totalmente intranscendente para las almas, dígase lo que se quiera. En cuanto a la doctrina social de la Iglesia, quizá sería conveniente pararse a considerar si la inmensa biblioteca de volúmenes de documentos que la engrosan, en número incesantemente incrementado, ha conseguido los resultados que cabría esperar de tan ingente esfuerzo; seguramente no, tal vez debido a que, no pocas veces, los problemas abordados son más bien propios de las doctrinas económicas que no cuestión de juicios morales, que son los que competen a la Iglesia. Sea lo que fuere, lo que es seguro es que no siempre las auténticas necesidades de las almas van por ese camino.

 

Todo contribuye a dar la impresión de que la Iglesia oficial está demasiado empeñada en cuidar su imagen de Institución preocupada por el hombre. Como si, en su desesperado intento de huir de las acusaciones de contribuir a la alienación del hombre, de desencarnacionismo, y de estar siempre junto a las clases burguesas, hubiera caído en la trampa de sus enemigos. Tenía que haberse dado cuenta de que ni el miedo, ni los complejos de inferioridad, fueron nunca buenos consejeros.

 

(Del libro Comentarios al Cantar de los Cantares, Volumen I, pag. 87).

Última actualización el Jueves, 02 de Julio de 2009 16:10