El Complejo de Inferioridad (IV) Imprimir E-mail
Martes, 29 de Diciembre de 2009 02:29

Los noticieros de la Red de Internet transmiten hoy (Diciembre, 14, 2009) la siguiente noticia: Ocho matrimonios residentes en Salzkotten, Alemania, decidieron no enviar a sus hijos a las clases sobre educación sexual, que son obligatorias en las escuelas del país. Como resultado, primero fueron condenados a pagar abultadas multas, y finalmente fueron sentenciados a prisiónEl Presidente de la Institución Cristiana Internacional “Human Rights Group”, que se ha hecho cargo de la defensa de estas familias, ha declarado que las autoridades alemanas “consideran que los hijos pertenecen al Estado, al menos mientras permanecen en el Colegio”.[1] A propósito de ésta noticia, el comentarista Pérez Bustamante, en su Blog Cor ad cor loquitur, comenta también en el mismo día lo siguiente: Parece mentira que un país que sufrió el nazismo y el comunismo vuelva a incidir en la misma piedra. Yo optaría por emigrar antes que quedarme en una nación así. Y parece mentira que los Obispos católicos alemanes miren para otro lado. Porque, a día de hoy, no se sabe que ninguno de ellos haya salido en apoyo de esas familias. Tampoco la iglesia evangélica oficial (luterana). Quizá teman que el Estado decida suprimir el impuesto religioso y se queden sin financiación. Pero prefiero mil veces una Iglesia pobre y fiel a su misión que una Iglesia rica e imbuida del espíritu de Judas Iscariote.

 

Siempre el miedo. A oponerse a los Poderes, a perder financiaciones, a no ser tenido en cuenta por parte de quienes confeccionan las listas de ascensos en los diversos escalafones…, tal vez a ser tachado de conservador o de reaccionario, enemigo del diálogo, ajeno al espíritu del Concilio, etc.; porque aún pueden existir otras razones. Como el temor a los pretendidos avances de la ciencia, a la hermenéutica escriturística, a la historiografía, a las oscilaciones de la Política y manejos de los Poderes…, y a muchas cosas más.

 

En último término, el complejo de inferioridad por parte de los Pastores de la Iglesia (desde Cardenales al simple cura de pueblo) se resuelve en cobardía. Palabra que aplicada al caso, no por sonar mal, deja de ser verdadera. Pues mientras tanto, las ovejas del Rebaño de Cristo se quedan sin la provisión de buenos pastos, de un lado; y abandonadas ante el peligro del lobo que las dispersa y devora, de otro.

 

Si alguien pregunta acerca de la razón de que tales hechos se produzcan, tiene respuesta. Y además tan cierta y segura como que viene dada por el mismo Jesucristo: El asalariado, el que no es pastor y al que no le pertenecen las ovejas, ve venir el lobo, abandona las ovejas y huye —y el lobo las arrebata y dispersa—, porque es asalariado y no le importan las ovejas.[2] Una aserción en la que la importancia de su contenido queda más patente cuando se analizan de cerca los elementos que la integran:

 

a): Obra de esa manera aquél que no es pastor.

 

b): Por no serlo, tampoco le pertenecen las ovejas.

 

c): Huye cuando ve venir el lobo porque es un cobarde y solamente le importa su propia vida.

 

d): Es un asalariado, lo que significa que solamente desempeña su oficio por un interés material mirando a sí mismo: ordinariamente dinero y poder.

 

e): En último término, no le importan para nada las ovejas.  Afirmaciones que suenan a extrema dureza. Si bien no hay que olvidar que son palabras pronunciadas literalmente por el mismo Jesucristo.

 

Por otra parte, una vez admitido, como parece cierto, que una de las raíces de las que se alimenta el complejo de inferioridad es la cobardía, conviene recordar las palabras del Apocalipsis acerca del destino que aguarda a aquellos que, por temor a lo que sea, declinan el cumplimiento de su deber. Mucho más cuando se trata de deberes de los que depende la salvación de las almas: Los cobardes, incrédulos, abominables y homicidas, fornicarios, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos, tendrán su parte en el estanque que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.[3]

 

Si continuamos investigando acerca de las causas que conducen al complejo de inferioridad eclesial —ya hemos dicho que estamos indagando a través de diversas capas de profundidad—, nos encontraremos con la falta de Fe como otra posibilidad. Eventualidad que parece venir confirmada por el mismo Jesucristo:

 

¿Por qué os asustáis?  ¿Todavía no tenéis fe? [4]

 

Pero como la Fe es hermana y se actualiza por el Amor (Ga 5:6), llegamos a la conclusión de que es este último (o su carencia), la última causa motriz, o la más profunda, del complejo de inferioridad eclesial: se teme, según el Maestro, porque se ha perdido la fe. A su vez, se tiene fe en una persona en la misma medida, y sólo en la medida, en que se le profesa amor. Lo vamos a considerar en el último de los editoriales que hemos dedicado al tema.



[1]Página digital Infocatólica, Diciembre 14, 2009.

[2]Jn 10: 12–13.

[3]Ap 21:8.

[4]Mc 4:40.

Última actualización el Martes, 29 de Diciembre de 2009 02:30