El Complejo de Inferioridad (III) Imprimir E-mail
Escrito por Padre Alfonso Gálvez   
Sábado, 26 de Diciembre de 2009 06:07

Nada habría que oponer al hecho de que un Pastor de la I­gle­sia (de cualquier grado jerárquico) pronunciara una conferencia, discurso, exhortación, o cosa semejante, sobre un tema indiferente o incluso banal. Una lección sobre Arte, Historia, Filosofía, o acerca de cualquiera de los muchos temas que abarcan las Ciencias y las Artes humanas; pongamos por caso. En tales circunstancias, lo importante a tener en cuenta sería la necesidad de no confundir tal actuación con la proclamación del Mensaje cristiano.

 

Lo normal, sin embargo, es que la parénesis eclesial persiga un propósito de adoctrinamiento sobre el Mensaje Cristiano. Propósito que adquiere carácter de obligatorio si la instrucción tiene por objeto referirse a verdades específicas de la Existencia Cristiana. Como es el caso de las homilías de las Misas (dominicales o no), de los sermones en las diversas festividades o acontecimientos litúrgicos, etc.

 

Conviene recordar también, para el mejor entendimiento del tema del que hablamos, que la parénesis cristiana (que aquí hemos entendido, a efectos de simplificación, como predicación) puede adoptar formas variadas: exhortación, discurso, conferencia, sermón, homilía, oración fúnebre, etc. 

 

Consideremos, por ejemplo, el tema de una exhortación que hemos tenido ocasión de escuchar hace pocas semanas: Las catedrales europeas como compendio del arte y del espíritu religioso. Un tema acerca del cual, si nos atenemos estrictamente al objeto que trata, no hay necesidad de calificarlo como específicamente cristiano. En cuanto a la verdad de su contenido, no es de esperar que nadie vaya a oponer objeciones.

 

Avanzando un poco más, habría que decir que en realidad sería difícil, por no decir imposible, calificar esa instrucción como específicamente cristiana.[1] Una distinción con frecuencia olvidada pero cuya importancia habría de ser tenida en cuenta; tanto por parte de los Pastores como de los fieles.

 

La aseveración de que las catedrales europeas son un compendio del arte y del espíritu religioso, con ser verdadera, no corresponde sin embargo al acervo de lo que constituye el Depósito de la Fe cristiana. En realidad ni siquiera puede circunscribirse al mundo cristiano u occidental, puesto que vale para todas las culturas. Efectivamente, porque lo mismo podría decirse del arte griego (escultura y arquitectura), por ejemplo. La abundancia de cultos, así como el florilegio de dioses y diosas greco–romanos, forman parte también del entramado de una religión. Lo mismo podría decirse de la presencia de las Pirámides, como impresionantes monumentos milenarios del arte egipcio, al mismo tiempo que de las creencias en dioses mitológicos y en Faraones elevados a la categoría de dioses. El hecho de que se trate de religiones falsas (puesto que sólo existe una única y verdadera religión) no las priva de su categoría de religiones. Como quedó bien establecido en los Encuentros de Asís, llevados a cabo por el Papa Juan Pablo II y luego elogiosamente evocados por Benedicto XVI, y donde ni siquiera se llegó a distinguir entre la religión del verdadero Dios, las de los falsos dioses, y aun aquéllas que no creen en ninguno. Por otra parte, un hecho histórico que vino a dejar claro que la milenaria idea del paganismo quedó superada a partir del Concilio Vaticano II; dado que desde ahora para la Teología católica todas las religiones son reconocidas, si no como la única auténtica, al menos como poseedoras de alguno o algunos valores. Los suficientes para salvarse, según el nuevo Ecumenismo.

 

Como hemos dicho arriba, un Pastor puede disertar sobre cualquier tema cultural. Pero si se dirige a sus fieles como Pastor debe centrar su disertación en las necesidades espirituales de sus ovejas y en los problemas que las afectan y que, en último término, son la causa o los determinantes que pueden conducirlas o apartarlas de la salvación. Si el Pastor no actúa así, y el hecho se convierte en conducta habitual, puede darse ocasión para que alguien pueda pensar que está siendo víctima del complejo de inferioridad.

 

Si lo dicho hasta aquí apunta al fondo de la cuestión, es evidente entonces que nos enfrentamos al complejo de inferioridad ante el Mundo y al temor a anunciar el Evangelio. Si bien este tema, a saber: el del temor como posible origen del supuesto complejo, tal como habíamos anunciado al principio corresponde a la segunda capa de profundización en nuestro estudio. Por lo que merece un tratamiento especial que quizá nos conduzca, por extraño que parezca, a la conclusión de que aún no hemos llegado a la verdadera y última causa del fenómeno.



[1]Cualquier especulación del espíritu humano, en la medida en que sea realmente científica que es lo mismo que decir verdadera, pertenece al acervo de la Verdad absoluta y es por lo tanto cristológica. Pero aquí estamos hablando en términos de Pastoral, y por eso venimos añadiendo el adjetivo específico.