El amor divino-humano hecho realidad por Jesucristo, Dios y hombre (I) Imprimir E-mail
Escrito por Padre Alfonso Gálvez   
Viernes, 08 de Enero de 2010 02:24

Para una inmensa mayoría de cristianos, Jesucristo no es más que un tema de Catecismo, parroquial o escolar. Para otra mayoría aún más numerosa ni siquiera eso, puesto que tampoco han tenido ocasión de recibir clase alguna de Catecismo. En cuanto a los muy escasos que todavía asisten a la Misa dominical, si alguien espera seriamente que van a recibir algún conocimiento de Jesucristo a través de la predicación, es que necesita con urgencia tratamiento psiquiátrico.

 

Y sin embargo, Jesucristo es el núcleo y la explicación de toda vida humana: En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombresEl Verbo era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1–4.9). Dios creó al hombre con la intención de que fuera un ser que aprendiera a amar y que a su vez fuera amado. Y este amor, por el cual la creatura humana compartiría la naturaleza divina (Dios es Amor), habría de llevarse a cabo por medio de Jesucristo. Por Él, con Él y en Él… Y con todo, son innumerables los seres humanos (también cristianos) para quienes transcurre la existencia sin llegar a conocerlo.

 

En la segunda Carta que el apóstol San Pablo escribió a los fieles de Corinto, les decía que el amor de Cristo nos urge (2 Cor 5:14). Claro que lo mismo podía haber dicho el Apóstol que el amor nos urge, sin más. En realidad, según el texto es el amor de Cristo el que urge y apremia a la esposa.[1] Pero no se excluye en él —todo lo contrario— que Cristo se sienta apremiado también de la misma manera. De hecho, en este momento, es el mismo Cristo quien está apremiando y urgiendo; por lo tanto siguiendo tras la esposa. Pues el verdadero amor significa ansias y urgencia por estar con la persona amada, carrera veloz para encontrarla cuanto antes —sin dar cabida a una posible espera (Lc 15:20)—, y nostalgia y dolor insufribles por su ausencia (Jn 20:13). Por supuesto que no admite demoras ni aplazamientos, a no ser que le sean impuestos a su pesar, y no descansa en la búsqueda de la persona amada: ni siquiera durante la noche, ni aun durante el sueño: Yo duermo, pero mi corazón vela (Ca 5:2)… En el lecho, entre sueños, por la noche,//busqué al amado de mi alma,//busquéle y no le hallé (Ca 3:1).

 

En este sentido, algo que se dice como de pasada al comienzo de la parábola de las diez vírgenes no es otra cosa, en realidad, que un reproche a todas ellas, y no sólo a las necias: Como el esposo tardase en llegar, les entró sueño “a todas” y se durmieron (Mt 25:5). De ahí que el que ama, durante la noche que supone para él la ausencia de la persona amada, vigila sin descanso, y no vacila en instar al centinela nocturno, hasta con impertinencia, para que no se descuide: Centinela, ¿qué hay de la noche? //Centinela, ¿qué hay de la noche? // El centinela responde://Viene la mañana, viene también la noche.//¡Si queréis preguntar, preguntad! //Regresad, volved!  (Isaías 21 11–12).

 

Conviene poner atención al hecho de que el primer verso se repite. Seguramente porque se pretende urgir al centinela para que esté alerta y no se descuide en modo alguno, puesto que se trata de algo de fundamental importancia. Sucede además que la noche es lo bastante obscura y preocupante como para sentir la urgente necesidad de saber de ella y, sobre todo, acerca del momento en que va a terminar. Y en efecto, tal como responde el centinela, llega la mañana: Porque la noche está avanzada, y el día está cerca (Romanos 13:12); aunque llega de tal manera que la noche, al menos de momento, no queda definitivamente atrás: Viene la mañana, y viene también la noche; porque el cristiano, mientras permanece en este mundo, vive efectivamente en el ya, pero también en el todavía no. El amor del Esposo es algo que la esposa ya posee, pero solamente por ahora en arras y en primicias. Por eso no queda más remedio que seguir buscando, preguntando insistentemente aquí y allá: Si queréis preguntar, preguntad.

(Continuará)



[1]En todo lo que sigue vamos a utilizar la terminología del El Cantar de los Cantares —Esposo y esposa— para referirnos a las relaciones de amor divino–humanas. Siglas utilizadas para el Cantar: Ca.

Última actualización el Viernes, 08 de Enero de 2010 06:23