El Alquitrabe (I) Imprimir E-mail
Domingo, 06 de Diciembre de 2009 07:07

Como se sabe, hablar del alquitrabe es hablar de lo que no se sabe. Nadie conoce lo que es esa cosa, o en lo que consiste ese extraño instrumento (en el caso de que sea un instrumento), ni la razón de tan extraño nombre, ni nada de nada. Y sin embargo, es innumerable la gente que habla del alquitrabe, puesto que efectivamente es innumerable también la gente que habla de lo que no sabe. Hoy en día casi todo el mundo se cree cualificado para hablar de lo que sea: de omni re scibile, como decían algunos escolásticos; e incluso, como añadía irónicamente Voltaire, et de quibusdam aliis.

 

Nada de esto tiene que ver con la entrevista concedida por el Sr. Obispo de Cáceres a la página de Internet Infocatólica el 28 de Noviembre del presente año. En ella nos enteramos, por ejemplo, de que el Prelado es Doctor en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma, de sus años de estancia en la Ciudad Eterna, de sus idas y venidas para redactar allí su tesis doctoral, etc.

 

Desde luego, siempre es consolador saber que los Pastores de la Iglesia poseen brillantes títulos académicos en Teología. Al fin y al cabo son quienes puso el Espíritu Santo para gobernar la Iglesia de Dios (Hech 20:28); una tarea para la cual, como cualquiera puede suponer, es imprescindible saber mucho acerca de Él. Desgraciadamente, sin embargo, los títulos académicos, como bien sabe el ilustre Prelado, no siempre son el marchamo seguro de un verdadero conocimiento de la Teología. Una Ciencia que requiere la vida interior suficiente como para que el contacto con la luz del Espíritu Santo ilumine desde lo alto (Jn 14:26), además de proporcionar el arrojo suficiente (Hech 1:8) como para enseñar luego a las ovejas y apartarlas de los peligros. Por mi parte, lamento confesar que conozco a suficientes letrados en Teología que carecen de la más elemental idea de lo que es esa Ciencia. Y puestos ya a lamentar, igualmente hay que añadir que son muchos, de los que se encuentran en esa situación, que tampoco poseen la fortaleza para predicar la Palabra —¿y qué Palabra iban a predicar? — a este mundo descreído en el que vivimos. Pero como tampoco éste es nuestro caso, vamos a procurar centrarnos en el tema.

 

A determinada pregunta del periodista sobre la Teología de la Liberación, el Sr. Obispo respondió que a él, no solamente le ha tentado, sino que que le ha capturado la Teología de la Liberación auténtica, la que ha promocionado y vivido la Madre Teresa de Calcuta (utilizo las palabras tal como aparecen en la susodicha página digital). Como complemento, añade el Señor Obispo que no cree que se pueda vivir el Evangelio sin una opción clara y diferencial por los pobres; una frase que, si bien no es posible concederle mucha originalidad, sí que requiere nuestro asentimiento acerca de lo unánimemente que siempre es recibida en todas partes. Pero vayamos, tal como hemos dicho, a nuestro tema, puesto que hemos llegado a un punto en el que, por desgracia, no podemos sino expresar nuestras discrepancias (sólo en cuestión de matices) con las afirmaciones del Prelado.

 

Dejando fuera de toda duda la buena voluntad de las palabras del Prelado, quizá sería deseable una mayor precisión en ellas. Habida cuenta del peligro de confusión que, en los momentos actuales, ronda por todas partes.

 

En primer lugar, nadie ignora que no existe ninguna auténtica Teología de la Liberación. Toda ella es falsa y malévola, como ahora explicaremos. Pero es que, además, dudo mucho que la Madre Teresa (en el caso de que ahora pudiera hablar) estuviera de acuerdo en ser equiparada con ninguna Teología de la Liberación. Yo, que de todas formas no tuve la suerte de conocer a la Madre Teresa (tal como sí la tuvo el Sr. Obispo de Cáceres, de la que nos informa que la saludó una vez), no creo muy acertada su inclusión en el grupo de los pobres. Entiéndase bien que no hablo de su amor por los pobres, del cual no dudo en absoluto, ni pongo en tela de juicio su extraordinaria labor humanitaria; sino que me limito a decir, sencilla e ingenuamente, que a la Madre Teresa no le faltaba de nada y que siempre tuvo lo que quiso. Esto último suele pasar desapercibido, por raro que parezca; pero es un hecho que está ahí y que hace extraordinariamente difícil que la Monja de Calcuta pueda ser incluida en el estamento de los pobres.

 

A este respecto, creo que vale la pena relatar algo que me ocurrió, ya hace algunos años, con alguno de mis niños más pequeños. Preguntado por uno de ellos, acerca de porqué yo no arrojaba el televisor por la ventana, como cuentan que solía hacer en alguno de sus conventos la Madre Teresa, me limité a contestar:

 

—Hijo; nosotros no podemos hacer eso porque no somos pobres. Si yo arrojo el televisor por la ventana, nos quedamos sin televisor, y se acabó.

 

Establecida la meritoria y heroica labor de la Madre Teresa por los pobres, no podemos dejar de tener en cuenta que a la Teología de la Liberación siempre le importaron un bledo los tales pobres. Como no sea para hacerlos a todos realmente pobres —habría que decir mejor, miserables— a fin de convertirlos en dóciles instrumentos de una ideología totalitaria y atea cual es el marxismo. La Teología de la Liberación, a través y mediante el cuento de los pobres y oprimidos, ha descristianizado gran parte de la América del Sur y lo que ha podido de otros continentes. En realidad ha sido uno de los medios más eficaces y poderosos empleados por la Paganía moderna para destruir el Cristianismo, como sabe nuestro Prelado. De ahí mis vacilaciones con respecto a que la Madre Teresa deseara ser incluida en ese Movimiento.

 

Con respecto a mí, no me encuentro en ninguno de los grupos. Quiero decir que ni en el de los teólogos letrados ni en el de los pobres. En cuanto a lo último, me veo en la obligación de reconocer que estoy más cerca de ser un pobre hombre que un hombre pobre; y más si se tiene en cuenta lo que el Evangelio entiende como la verdadera pobreza. Lo cual ya nos da pie para entrar en el análisis del misterioso instrumento —o lo que sea— llamado alquitrabe. Aunque eso habremos de dejarlo para el editorial siguiente.

Última actualización el Domingo, 06 de Diciembre de 2009 07:44