| Divorcio de Matute |
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| Sábado, 20 de Junio de 2009 03:56 |
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Demasiadas cosas importantes han sufrido un cambio profundamente radical. La indisolubilidad del vínculo contraído en el sacramento del matrimonio, por ejemplo, establecida por Derecho Divino y considerada como tal durante veinte siglos, sin la más mínima vacilación ni excepción alguna. Ahora, sin embargo, se practica con profusión el divorcio dentro de la Iglesia, como algo perfectamente natural y conveniente. Por supuesto que no se llama con ese nombre - tal cosa no sería posible, dado caso que andan de por medio el Derecho Divino y más de veinte siglos de práctica eclesial -, sino que se trata meramente de una declaración oficial de inexistencia o nulidad del vínculo. No hubo vínculo válido en el momento de la celebración del matrimonio, y por lo tanto no se puede considerar que haya existido el sacramento. Vistas así las cosas, parece que todo discurre por los caminos de la legitimidad y de lo normal. El problema surge en el momento mismo en que alguien comienza a reflexionar: ¿Es suficiente cambiar el nombre de una institución - en este caso el divorcio - para conseguir que no aparezca a la vista, a pesar de que, de todas formas, se mantengan intactas su esencia y su existencia? Es lo que ha hecho el mundo profano con cosas como el aborto, por ejemplo, que ahora es conocido con la expresión de interrupción del embarazo (los ejemplos podrían multiplicarse y son bien notorios).
Entre los abundantes casos que conozco - aún más desgraciados que desafortunados - está el de algún matrimonio, casados los cónyuges durante más de veinte años y con bastantes hijos, al que le fue concedida la nulidad. El marido contrajo después matrimonio civil, para divorciarse también al poco tiempo y cohabitar con lo que ahora se llama otra compañera sentimental. Yo me hago a mí mismo la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que la correspondiente Curia Diocesana se considere a sí misma con la suficiente autoridad (jurídica, moral, o del tipo que sea) para declarar - ¡oficialmente! - que no hubo matrimonio, pese a haber transcurrido más de veinte años, e implicando también a los hijos? ¿El expediente de investigación ha sido tan suficientemente prolijo, amén de eficiente, como para averiguar la inexistencia del vínculo, en visión retrospectiva y más que aguda, habiendo pasado tanto tiempo? Y aun cuando el tiempo hubiera sido mucho menor, ¿acaso no es de admirar la increíble capacidad de visión retrospectiva de tales Curias Diocesanas? Desgraciadamente conozco muchos casos semejantes, en número más que suficiente como para lamentar que se contribuya a la destrucción de la Familia de manera tan desafortunada. Es evidente que la perennidad, como una de las notas esenciales del concepto del Amor, ha desaparecido también dentro del ámbito eclesial. Del libro "Meditaciones de Atardecer" (pp. 245 - 246) |
| Última actualización el Viernes, 31 de Julio de 2009 01:38 |



