| ¿Locura o Cordura? (II de II) |
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| Domingo, 14 de Junio de 2009 03:50 |
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Ya hemos visto antes que los conceptos de lo razonable y de lo irrazonable dependen con frecuencia de que se adopte el punto de vista de Dios o el del hombre: lo que es inteligencia para uno es necedad para el otro. Y, de todos modos, como ya he dicho, los hombres, no solamente no se ponen de acuerdo acerca de lo que es razonable y de lo que no lo es, sino que sólo admiten como único punto de coincidencia la verdad inconcusa de que el Evangelio es una locura. Locura de atar, si queremos hablar claro. Sin embargo, para Dios las cosas son notorias: la pretendida sabiduría del mundo es necedad, mientras que el Evangelio es la única locura razonable. Lo que equivale a decir que lo único razonable para Dios es precisamente la actitud que nosotros calificamos como la de estar locos.
Probablemente es una banalidad calificar todo esto como un mero juego de palabras. El problema es demasiado grave como para despacharlo de ese modo. Todavía se está discutiendo acerca de si Don Quijote estaba realmente loco o si lo estaban más bien los que lo rodeaban. No está demasiado claro que Cervantes procediera del mejor modo al hacer morir a Don Quijote en su cama, rodeado de los suyos y con su sano juicio recobrado. Hasta hay quien se pregunta si tal sano juicio era realmente más razonable que su locura. De todos modos, ¿acaso no sentimos también nosotros como cierta nostalgia de algo indefinible cuando leemos que Cide Hamete Benengeli deja definitivamente su péñola para decirnos, en forma de final feliz, que Don Quijote ha muerto después de haber recobrado su razón, reintegrándonos de esa manera, como quien tal no dice, al mundo de los cuerdos? Probablemente todos hemos presentido de algún modo, a la vista de la pretendida cordura del mundo, que tal vez exista algún tipo de locura más razonable que lo que estamos viendo cada día. Una locura, además, que es más necesaria para el hombre que lo que el mundo está acostumbrado a considerar como inteligencia. Tal vez por eso casi nos parece lógica la osadía de Erasmo escribiendo el Elogio de la Locura. Y es que el hombre se había vuelto loco por causa del pecado, el cual tuvo su origen a su vez en el desamor. A partir de entonces solamente otra locura, aunque ahora de amor sobreabundante, podía devolver al hombre al camino de la cordura. O dicho de otro modo: una locura de amor capaz de curar la suprema insensatez de la falta de amor: Pues ya que el mundo, por su propia sabiduría, no conoció a Dios en su divina sabiduría, Dios quiso salvar a los creyentes por la locura de la predicación (1 Cor 1:21). Parece claro que es imposible resolver el problema de lo que es realmente razonable, y de lo que no lo es, sin tener en cuenta lo que Dios ha hecho por el hombre y lo que le ha enseñado. |
| Última actualización el Lunes, 06 de Julio de 2009 14:51 |



