De Gloria Olivae (y VIII) (De la Gloria del Olivo) Imprimir E-mail
Sábado, 28 de Agosto de 2010 03:43

NOTA PRELIMINAR

 

La Nueva Misa, promulgada en 1969 como el Rito Ordinario de la Iglesia Católica por el Papa Pablo VI, fue elaborada por una Comisión especial, nombrada al efecto, que estaba compuesta por seis expertos protestantes y tres católicos. De estos tres últimos, el Presidente de la Comisión, fue el Arzobispo Bugnini. El cual, al descubrirse sin sombra alguna de duda su afiliación a la Masonería, fue desterrado fuera de Roma por el Papa (enviado como Nuncio a Irán). Pero su trabajo, que había sido llevado a cabo con la colaboración y a satisfacción de los expertos protestantes, no fue modificado en absoluto. De ahí que la considerada hasta entonces como perenne y venerada Misa latina de la Iglesia, fue prácticamente eliminada, al mismo tiempo que un montón de siglos quedaban atrás y sumergidos en el olvido.

 

Entre los olivos del Huerto, durante aquella tremenda Noche y ante la inminencia de la Pasión y de la Cruz, el Demonio estaba convencido de la totalidad de su Victoria. Sólo cuando Jesús exhaló el último aliento, el Ángel del Mal comprendió su tremendo error. Fue ahí donde apareció con claridad que la Muerte en la Cruz del Hijo de Dios había sido la gran baza que Dios se había reservado; la misma por la cual el Maligno era vencido definitivamente. Así es como ambos momentos, el de la supuesta Victoria de Satanás y el de su verdadera Derrota, aparecen claramente en el principio y final de la película de Mel Gibson La Pasión de Cristo.

Pero, a partir de ese instante, el Diablo ya supo a lo que atenerse. Si la clave estaba en el Sacrificio de la Cruz, he ahí entonces lo que había que suprimir a toda costa. Así fue como se impuso la difícil tarea de eliminar el Misterio de la Redención —la idea de la Muerte Sacrificial de Cristo en la Cruz— de la mente y del corazón de los cristianos. Cosa que no consiguió durante veinte siglos…, hasta que el Modernismo, al que ya se creía desaparecido, revivió en forma de Neomodernismo en el seno de la Iglesia desde el momento del Concilio Vaticano II.

Fue entonces cuando, lo que parecía tan imposible como impensable, sucedió efectivamente. El concepto de la Misa como renovación del Sacrificio de Cristo —no una repetición, pero sí un hacerse presente aquí y ahora en toda su realidad la Muerte del Señor— se difumina hasta casi desaparecer, a fin de ser sustituido, a su vez, por la idea prevalente y casi única de la Misa como comida de solidaridad o fraternidad.  

Toda idea de sacrificio expiatorio quedaba olvidada en el desván de los conceptos obsoletos, como algo propio y perteneciente a tiempos y culturas primitivos. El hombre ya no tiene que pensar tanto en participar en la Muerte de Alguien como en vivir en comunión y alegría con sus semejantes; dentro de un Mundo que se basta a sí mismo y que reconoce como único valor a su alcance al mismo Hombre. El culto a Dios cede su paso al culto al Hombre, de tal manera que, ya desde ahora, el valor sobrenatural del sufrimiento y de la muerte, la necesidad de expiar por los pecados y de compartir la Muerte del Redentor, son sustituidos por las modernas concepciones de la Nueva Primavera y de una Nueva Edad, las cuales se abren a un Mundo Nuevo que se convierte así en la etapa final de la existencia humana. 

Así fue como la Nueva Iglesia de la Modernidad consumó su Apostasía, dando la espalda a la muerte del Redentor y propinando a Dios una bofetada de desprecio y rechazo a la más maravillosa de sus obras. La misma por la cual había entregado su vida y con la cual había llevado a cabo, en realidad, el mayor e imaginable Acto de Amor hacia el hombre.

Hay detalles y gestos que hablan por sí solos. En infinidad de iglesias y templos católicos desaparecieron los bancos con reclinatorios, a fin de ser sustituidos por sillas y cómodos asientos, demasiado apretados entre sí como para impedir cualquier posibilidad de arrodillamiento por parte de los fieles. Las Comunidades Carismáticas y Neocatecumenales, convenientemente aprobadas (justo es decirlo), vieron llegada la hora de su triunfo; negando el valor de la Misa como Sacrificio, sus celebraciones (siempre fuera de los templos y en total ausencia de altares y símbolos al efecto) dieron entrada a los elementos festivos de guitarras, música rock, intervención casi exclusiva de los seglares prescindiendo prácticamente por completo del elemento sacerdotal, y comidas de solidaridad y hermandad. -

No vale la pena aducir más ejemplos que, por otra parte, todos los católicos han tenido ocasión de contemplar y vivir. Y así es como ha quedado actualizada de nuevo la Noche del Huerto de los Olivos. Otra vez Satanás se siente seguro de su Victoria, y esta vez sin nadie que se lo impida. Por fin ha sido la Iglesia destruida y derrotada, después de haber recibido este Golpe mortal y definitivo.

Sin nadie que se lo impida…, hasta que llegue por fin el Supremo Juez y se haga realidad lo que estaba profetizado: el Diablo, el seductor, fue arrojado al estanque de fuego y azufre, donde están también la bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos (Ap 20:10).

Y aquéllos que permanecieron fieles al Señor y habían seguido viviendo de Esperanza, pese a todo, confiados en la Promesa de Aquél que había dicho que vendría de nuevo, verán colmados, por fin, los anhelos de su corazón: Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Vi también la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo de parte de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo (Ap 21: 1–2); …y las puertas del Infierno no prevalecerán contra Ella (Mt 16:18).

Última actualización el Sábado, 28 de Agosto de 2010 04:03