De Gloria Olivae (VI) (De la Gloria del Olivo) Imprimir E-mail
Sábado, 31 de Julio de 2010 01:33

Aun en contra de nuestros deseos, nos vemos obligados a introducir un a modo de paréntesis en esta extraordinaria historia —más fantástica que una narración dantesca y más difícil de captar, en todo su hondo significado, que cualquier construcción de la imaginación humana—. La interrupción es necesaria por las necesidades de clarificación y el mejor entendimiento de la cuestión, así como para permitir la aportación de algunos detalles que faciliten al lector la mejor comprensión de lo que aquí se dice.

Ya hemos dicho repetidamente, en esta explanación de la Profecía de San Malaquías que estamos llevando a cabo, que el lema correspondiente al Pontificado que está viviendo la Iglesia en el momento actual, cual es el de Benedicto XVI, es el De la gloria del Olivo. Tal lema ocupa el penúltimo lugar en la lista, puesto que la Profecía señala como el último de todos, perteneciente al Pontificado que tendrá lugar en los momentos finales de la Historia, a un cierto Petrus Romanus (Pedro Romano). Personaje misterioso este último, acerca del cual los comentaristas han imaginado multitud de elucubraciones a lo largo de los siglos. Aunque lo que queda bien claro en la Profecía es que el Papa a quien corresponde tal lema coincidirá con el final de la Historia de la Iglesia y de toda la Humanidad, a la que habrá llegado el momento de ser juzgada por el Supremo Juez en su Segunda y Definitiva Venida.

El nombre de Pedro Romano aparece rodeado del más profundo misterio, dentro del contenido de una Profecía que, en la hipótesis de que se quiera admitir como cierta, ya es de suyo bastante arcana y suficientemente enigmática. Es curioso anotar que, a lo largo de la Historia de la Iglesia, ningún Papa ha querido atribuirse el nombre de Pedro; sin duda alguna por respeto y devoción a San Pedro, Príncipe de los Apóstoles y Primer Papa de la Institución de Salvación fundada por Jesucristo. El hecho pertenece a la Historia, y escapa, por lo tanto, a cualquier tipo de especulación. Tal nombre —el de Pedro— ha quedado reservado, prácticamente según la Profecía, al Papa que cerrará la Historia y que coincidirá con la Segunda y Definitiva Venida del Supremo Juez.

Ahora bien, y tal como ocurre en toda profecía y aún más con respecto a ésta, nadie sabe lo que significa ni a lo que responderá exactamente ese nombre de Pedro; así como tampoco a lo que se refiere esa pretendida Romanidad. Según algunos comentaristas, tal apelativo es aquí puramente genérico, e incluso añaden que el lapso de tiempo entre el Papa señalado como penúltimo —De la gloria del Olivo— y el establecido como el último de todos —Petrus Romanus— es indefinido; lo que significaría que entre uno y otro aún podrían reinar otros Papas no nombrados explícitamente en la Profecía de San Malaquías. Una hipótesis, sin embargo, que parece estar desmentida por la misma Profecía, según lo que vamos a ver enseguida.

Por si todo esto fuera poco, y como algo capaz de aumentar todavía más el misterio, queda todavía un importante punto por añadir. En realidad la Profecía no termina definitivamente con la enumeración de los 112 lemas; puesto que, al final de todos ellos, el texto añade una especie de postdata tan inquietante como enigmática. La cual dice exactamente así: 

In prosecutione extrema S.R.E. (Sanctæ Romanæ Eclessiæ)

sedebit Petrus Romanus,

qui pascet oves in multis tribulationibus,

quibus transactis, civitas septicollis diruetur.

Et Judex tremendus iudicabit populum suum. Finis.

Lo que traducido del latín significa lo siguiente: Durante la persecución final que sufrirá la Santa Iglesia Romana, reinará Pedro Romano, que apacentará sus ovejas entre multitud de tribulaciones; transcurridas las cuales, la Ciudad de la Siete Colinas [Roma] será destruida. Y el Juez terrible juzgará a su pueblo. Fin.

Y aún no hemos llegado al final de la serie de incógnitas que plantea el texto profético. Porque nadie se pone de acuerdo acerca de si, en aquellos terribles momentos, el Pastor que apacentará lo que aún reste del Rebaño de Jesucristo, se refiere al Papa señalado como Pedro Romano o al que corresponde el lema De la gloria del Olivo (Benedicto XVI). Acerca de lo cual, también es necesario reconocer que, incluso en este punto, la Profecía es bastante ambigua.

Por lo que a nosotros se refiere —y continuamos siempre dentro del terreno de los comentarios y de las especulaciones—, nos inclinamos a pensar que el susodicho Pastor es indudablemente Pedro Romano. Existen argumentos que fundamentan esta afirmación, la cual no dejará de parecer chocante para algunos. Trataremos de decir algo al respecto, si bien hemos de hacer antes una observación importante.

Como cualquiera puede suponer, todo este problema ha dado lugar a multitud de especulaciones acerca del momento del Fin del Mundo y de lo que la Teología conoce con el nombre de Parusía, o Segunda Venida de Nuestro Señor. Nosotros no nos pronunciamos sobre ese tema en modo alguno, y no nos decantamos ni en favor de su proximidad ni de su lejanía en el tiempo. Nos apoyamos para ello, como principal razón, en que el momento exacto de tan trascendental Acontecimiento Dios se lo ha reservado para Sí mismo, según Palabras del mismo Jesucristo, y en modo alguno ha querido revelarlo (Mt 24:36; Hech 1:7). Por otra parte, nuestro estudio no se refiere a dicho punto en concreto, y de ahí que no pretenda dilucidarlo. El presente trabajo trata meramente de desarrollar un comentario referente al lema profético De la gloria del Olivo; acerca del cual, cualquiera puede sentirse libre para aceptarlo o para rechazarlo.

Hemos afirmado más arriba que el texto profético que señala al Pastor que conducirá al diezmado Rebaño de Jesucristo durante la última Gran Persecución, se refiere a Pedro Romano, y no a Benedicto XVI. La razón principal, en la que pretendemos apoyarnos, no es otra sino la de que no parece que el Papa actualmente reinante reúna condiciones suficientes para atribuirle tan encomiástico título. Afirmación cuyo lugar para ser desarrollada sería el de un ensayo histórico–teológico; y no en un artículo como es éste, cuyo carácter, al fin y al cabo, es puramente periodístico.

En cuanto a lo del diezmado Rebaño de Jesucristo, tal como habrá quedado reducido en aquellos terribles momentos, recordemos las palabras de San Pablo, en las que habla de la Gran Apostasía que tendrá lugar en los Últimos Tiempos (2 Te 2:3); así como también las del mismo Jesucristo: Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿acaso encontrará Fe sobre la Tierra?  (Lc 18:8).

Y volviendo a nuestro anterior Editorial, habíamos dicho que la Igle­sia actual es ante Dios la Gran Derrotada. La Gran Culpable de una Apostasía de la que habrá de dar cuentas ante la Justicia del Terrible Juez. A propósito de lo cual, habíamos aludido a dos faltas especialmente graves, las cuales parecen haber sido las que principalmente han precipado sobre Ella la ruina de la crisis actual. Con respecto a la cual, sólo resta la promesa de Jesucristo de otorgarnos la seguridad de su superación (Y las Puertas del Infierno no prevalecerán)…

De todas formas, el paréntesis que hemos introducido por necesidades de aclaración, debido a las limitaciones de espacio, nos ha obligado a dejar el desarrollo de tal tema para la próxima publicación.

Última actualización el Sábado, 31 de Julio de 2010 01:36