| De Gloria Olivae (IV) (De la Gloria del Olivo) |
|
|
| Viernes, 16 de Julio de 2010 15:24 |
|
Dentro del terreno de la hipótesis en el que nos estamos moviendo, si damos por cierta la profecía de San Malaquías y tenemos en cuenta el lema De la gloria del Olivo, aplicado al actual Pontificado de Benedicto XVI; y si, por otra parte, aceptamos la realidad de los incalificables horrores padecidos por Jesucristo en la Noche del Huerto de los Olivos… Horrores que se tradujeron entonces en un auténtico triunfo de Satanás, contemplados por él con pretendida gloria a través de los árboles del Huerto —la Noche de la Gloria del Diablo ante los olivos de Getsemaní—…, la aplicación de aquellos sucesos, como algo paralelo al momento actual de la Iglesia, parece enteramente plausible. Jamás, a lo largo de toda su Historia, había sufrido la Iglesia una crisis tan grave como la actual. Tanto y de tan gran calibre, que bien se puede decir, sin exageración alguna y mal que pese a los pusilánimes y mentirosos, que parece muy capaz de hacerla desaparecer. Si bien, para los muchos católicos de buena voluntad que sufren confundidos, siempre queda el maravilloso consuelo de las palabras inconmovibles del Señor referidas a la Iglesia: Y las Puertas del Infierno no prevalecerán contra ella. Durante mucho tiempo, en la etapa que siguió inmediatamente a la terminación del Concilio Vaticano II, se estuvo proclamando a los cuatro vientos un momento triunfalista de la Iglesia a todas luces exagerado, cuando no falso: La famosa Primavera de la Iglesia, o el Nuevo Pentecostés, pregonado en todas partes por el Papa Juan Pablo II, etc., etc. Después, a lo largo de los años y cuando la debacle se hizo demasiado patente, se optó por el silencio. Pero siempre sin reconocer jamás que la crisis se había originado, sobre todo, a partir de las torcidas interpretaciones del Concilio llevadas a cabo por Grupos interesados. Tampoco se reconoció nunca que los mismos Documentos Conciliares ya habían sido previamente manipulados al efecto, con el fin de hacerlos susceptibles de variadas formas de ser entendidos. Acerca de las cuales, los Elementos de Presión —neomodernistas— se encargaron sabiamente de conducir las aguas a su propio molino. Sin que les fuera puesto coto alguno.
El silencio sobre la realidad de la crisis duró demasiados años. Tantos como la falta de remedios para atajarla. Se multiplicaron espantosamente las deserciones, se permitió que quedaran sumergidos en la duda sobre la Fe a infinidad de católicos, se degradó la Jerarquía, se desprestigió el sacerdocio, se fueron suprimiendo paulatinamente los sacramentos, se difuminó la fe en la Presencia Real Eucaristica a fin de ponerse al pairo con los protestantes, se cambió el Concepto de Iglesia y el de la Justificación, fue tomando carta de naturaleza el conciliarismo a costa de la Autoridad Papal, se manipularon y falsificaron las revelaciones de Fátima…, y un abundante etcécera. Durante ese largo período se procuró entretener a los fieles católicos con multitud de actuaciones externas y abundancia de shows; los cuales cumplían bien su objetivo de distraer la atención acerca de los verdaderos problemas, de un parte, y de hacer creer con el mucho bullicio que había algo, cuando en realidad no había nada de fondo, de otra. Se multiplicaron los viajes de la Jerarquía, los Encuentros multitudinarios de Juventud, las espectaculares y abundantes canonizaciones —casi todos los domingos— al aire libre y no libre, el acercamiento campechano del Papa al Pueblo…, al tiempo que se prodigaban nombramientos importantes para el Gobierno de la Iglesia entre personas de fe muy dudosa y conducta menos clara todavía, etc., etc. Mientras tanto el pobre Pueblo Cristiano languidecía en su Fe…, e iba desertando. El esplendor de la Liturgia en la que antaño se tributaba culto a Dios iba siendo sustituido, paulatinamente pero sin pausa, por el bullicio de las guitarras, de la música rock, de los Festivales en los templos, el barullo de los carismas que el Espíritu soplaba por doquier, entre los carismáticos y no carismáticos, pero soplando por todas partes —todo el mundo poseía el Espíritu—, hasta que la Iglesia vino a darse cuenta de que el culto a Dios había sido sustituido por el culto al hombre. Al final los hechos se sobrepusieron y aparecieron como reales. Eran demasiado patentes. Es ahora, en los momentos actuales, cuando importantes Jerarcas de la Iglesia comienzan a reconocer, aunque tímidamente y restando importancia, la realidad de la crisis. Pero desgraciadamente sin aplicar remedios. Mientras tanto se sigue predicando. Mucha predicación, pero sin contenido, y sin abordar jamás los verdaderos problemas: Es necesario que la Fe informe la vida de los cristianos… Los laicos han de ser conscientes de su vocación de tales… El ministerio sacerdotal es sumamente importante… La transcendencia de la mujer en la vida de la Iglesia… Claro que no se concreta cómo se ha desempeñar ese ministerio, o en qué consiste esa transcendencia, o no se señalan los peligrosos errores en la Fe y Moral proclamados incluso por Cardenales… Algún humorista ha llegado a decir —no se sabe si riendo o llorando— que la Iglesia actual ha puesto de moda la predicación sobre Pájaros y Flores, aludiendo sin duda a la falta de auténtica doctrina. Y así sucesivamente. Claro que todo esto no supone el meollo de la crisis en la que está sumergida la Iglesia. La crisis —el peligro consiguiente— es mucho más hondo y horrible de lo que aparece a simple vista. Es es el momento de la auténtica Gloria de Satanás, la cual tuvo su adelanto y comienzo en el Huerto de los Olivos. Acerca de lo cual vamos a hablar a continuación. |
| Última actualización el Viernes, 16 de Julio de 2010 15:28 |



