| De Gloria Olivae (II) (De la Gloria del Olivo) |
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| Viernes, 18 de Junio de 2010 01:36 |
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¿Es posible hallar alguna relación entre el Papa Benedicto XVI —o entre su Pontificado y momento histórico— y el lema De la gloria del olivo que le atribuye la Profecía? Y la respuesta, como cualquiera puede ver, no parece fácil. Y hasta no faltará quien se sienta impulsado a pensar que no existe ninguna. Ha de tenerse en cuenta, sin embargo, que el género profético es por naturaleza ambiguo y arcano. Por lo que una respuesta afirmativa —caso de que exista alguna— no puede ser considerada como absolutamente segura. E incluso aunque alguien creyera efectivamente haberla encontrado, nunca podría pretender que gozara de carácter definitivo. Es importante notar también que toda profecía, de ser auténtica, pertenece por naturaleza al orden de lo sobrenatural. Por lo que sería vano intentar desentrañarla mediante medios puramente naturales. Lo que no obsta para que algunos de ellos, como pueden ser el estudio y la investigación histórica realizados con seriedad, no solamente pueden ser considerados útiles para nuestro caso, sino incluso necesarios. Pero nunca enteramente suficientes. Y ni siquiera, por las razones anteriormente dichas, como los más importantes para el estudio que aquí se pretende llevar a cabo.
Además de lo cual, dado el orden sobrenatural en el que aquí nos movemos, también hace falta la oración. Cosa esta última que restringe todavía más, no tanto el campo y las posibilidades de esta investigación, sino sus posibles resultados. Puesto que no todo el mundo practica la oración ni es muy general la fe en su efectividad. Y dado que esta Profecía —vamos a partir de la hipótesis de considerarla como tal— se refiere indirectamente a Jesucristo, y ya más directamente al outpost, o puesto avanzado de su Reino en la Tierra —la Iglesia—, parece lo más adecuado y lógico acudir a los Evangelios, con la esperanza de encontrar en ellos alguna clave que proporcione pistas a nuestra investigación. Ahora bien, si se examina el lema con detenimiento, se observan en él dos sustantivos. Que además, por estar incluidos en la misma frase, es evidente que debe existir una relación entre ambos. Uno de ellos—olivo—, parece realizar la función principal en la declaración (pues es a él es donde primeramente se dirige la atención); mientras que el segundo —gloria—, realiza más bien un papel de calificación con respecto al primero. En definitiva, algo así como si el lema viniera a decir: el olivo que resplandece en su gloria. El único lugar donde se hace mención del olivo en los Evangelios se refiere al transcendental episodio de la Agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos (Mt 26; Mc 14; Lc 22). Algunos hablan del Huerto o Jardín de Getsemaní, ubicado en la base del Monte de los Olivos. De todas formas no cabe duda de que el histórico acontecimiento al que nos referimos, decisivo para la Historia de toda la Humanidad, tuvo lugar en el Monte de los Olivos. Los sucesos que allí tuvieron lugar, a continuación de la Celebración de la Última Cena con los Discípulos y en la Noche de la víspera de la Pasión, son bien conocidos; aunque jamás suficientemente profundizados. Intentaremos esbozar un resumen de ellos aquí para luego tratar de extraer consecuencias. El Huerto de los Olivos representa el cenit, o punto culminante, del fracaso humano de Jesucristo. El lugar en el que, concentradas sobre su Persona las incontables miserias de toda la Humanidad, provocaron en Él un paroxismo imposible de ser captado por el entendimiento humano; capaz de conducirle a tan profundas angustias que produjeron en Él un espontáneo derramamiento de sangre a través de los poros de su Cuerpo. Tal como lo atestiguan claramente los Evangelios. El lugar que presenció tales angustias y sufrimientos, imposibles de ser descritos por el lenguaje humano ni comprendidos por el entendimiento de los hombres, es el mismo lugar que presenció el —aparente (? )— triunfo definitivo del Mal sobre Dios. La escena inicial del filme de Mel Gibson La Pasión de Cristo lo refleja con aceptable seriedad, dentro de lo posible. Aquella histórica Noche, los Olivos del Huerto presenciaron lo que todo parecía señalar como la Victoria Final de Satanás sobre el Hijo de Dios hecho Hombre. En este sentido, hablar de la gloria del olivo, no puede ser tomado de otra manera que respetuosamente seria. ¿El Triunfo Supremo del Mal sobre la Fe? ¿Sobre el Plan Amoroso de Dios sobre los hombres? Al menos en aquella Noche, todo hubiera parecido indicar que sí. Por eso, lo que vamos a decir a continuación acerca del contorno histórico de un Pontificado, no va a resultar agradable para muchos y sí inquietante para todos. |
| Última actualización el Viernes, 18 de Junio de 2010 01:38 |



