| Cervantes contra el mundo de la mentira ... o de las utopías (y III) |
|
|
| Domingo, 20 de Septiembre de 2009 06:47 |
|
Si se tiene en cuenta que la sociedad moderna (en todo el mundo) vive alimentada y orientada (desorientada) por las utopías, al paso que camina sobre la base del lecho de arenas movedizas de la mentira, podrá comenzar a entenderse la importancia del tema. Es preciso insistir en que el problema, tal como aquí se plantea, no era ajeno a la mente de Cervantes. Como lo insinúa, por ejemplo, lo que dice en plena tarea del expurgo del libro de Tirante el Blanco, uno de los salvados de las llamas purificadoras. Las mismas que habían sido encendidas, en forma de hoguera, por el Cura y el Barbero a fin de acabar con los libros de caballería de nuestro héroe. Hoy no habrían dado abasto en encender fogatas y, con todo, no serían suficientes; tal es la abundancia y diversidad del material para engañar que utiliza el Mundo:
—¡Válame Dios! — dijo el cura, dando una gran voz—. ¡Que aquí esté Tirante el Blanco! Dádmele acá, compadre; que hago cuenta que he hallado en él un tesoro de contento y una mina de pasatiempos. Aquí está Don Quirieleisón de Montalbán, valeroso caballero, y su hermano Tomás de Montalbán, y el caballero Fonseca, con la batalla que el valiente de Tirante hizo con el alano, y las agudezas de la doncella Placerdemivida, con los amores y embustes de la viuda Reposada, y la señora Emperatriz, enamorada de Hipólito, su escudero. Dígoos verdad, señor compadre, que, por su estilo, es éste el mejor libro del mundo; aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con estas cosas de que todos los demás libros deste género carecen.[1] A pesar de la descarada burla de Cervantes, que se huelga aquí en divertirse trayendo a colación nombres ridículos de caballeros, de doncellas y de señoras, es interesante anotar el inciso: Es éste el mejor libro del mundo: aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con estas cosas de que todos los demás libros deste género carecen.[2] Puesto que en él se contempla un evidente descenso al mundo de la realidad y de la normalidad. Que es lo mismo que decir al mundo de la verdad ordinaria del quehacer diario. El hecho de que aquí los caballeros duerman y mueran en sus camas, además de hacer testamento antes de su muerte, es una clara alusión al final y culminación de su obra: cuando Don Quijote, recobrado ya su sano juicio y convertido otra vez en Alonso Quijano el Bueno, redacta su testamento y muere en paz con la Iglesia, con su familia y con todos sus semejantes. Queda claro, por lo tanto, que la diatriba de Cervantes no va dirigida contra los libros de caballerías por el mero hecho de ser libros de caballerías. Ni siquiera pretende, en último término, acabar con las mentiras que contienen en cuanto que son mentiras. Lo que realmente intenta —algo que suele pasar más desapercibido— es denunciar el daño que tales falsedades ocasionan (sobre todo) a las gentes sencillas. Puesto que se presentan como solución contra las injusticias, e incluso como el método seguro para conseguir un mundo mejor, no se tiene en cuenta que ocultan el hecho de que no son sino utopías. Se trata de puras elaboraciones intelectuales que además de no ser útiles para nada, por cuanto sus fantasías carecen de base real, engañan y perjudican al común de muchas gentes de buena voluntad que, consciente o inconscientemente, ansían un mundo distinto y más perfecto. La deshidratación del cerebro según Cervantes, o la comedura de coco según nosotros, es una realidad que está ahí, y que en nuestras sociedades modernas, poseedoras de tecnologías que hubieran sido impensables en el siglo de Cervantes, actúa con enorme eficacia en cuanto a manipulación de masas se refiere. El creyente de hoy que busca a Dios con buena voluntad, a través de una constante lucha por mantenerse fiel a la verdadera Fe, se siente ahogado por un Catolicismo que ha sido invadido por multitud de utopías. ¿Y cómo hacer para no errar el camino…? Ante todo, consciente de la situación, debe permanecer vigilante ante la multitud de seductores que pululan por todas partes: Hijitos: que nadie os engañe (1 Jn 3:7). Y nadie es engañado, efectivamente, si no ha hecho previamente su opción por la mentira. Pero el objetivo al que apuntan todas las utopías no es otro, en último término, que el de implantar las diversas formas de tiranía. De tal manera que un mundo engañado se convertirá en un mundo de esclavos. Ante lo cual no hay sino un remedio eficaz, proporcionado precisamente por el mismo Jesucristo, como no podría ser de otra manera. Consiste, en primer lugar, en mantenerse fiel a sus palabras, lo cual equivale a guardar sus enseñanzas. De este modo, en segundo lugar, se alcanzará indefectiblemente el conocimiento de la verdad. Hasta que por fin, y a través de ese conocimiento, se llegue a desembocar en la auténtica libertad. Los tres pasos han sido taxativamente señalados por el Señor: Si permanecéis en mi palabra seréis mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8: 31–32). De acuerdo —dirá alguno—, pero ¿cómo ha de hacerse para permanecer fiel a sus palabras…? Y la respuesta —una vez más— no puede encontrarse en otra parte sino en el amor. No es seducido por el engaño quien meramente ha extraviado el camino por un error de conocimiento, sino aquél que ha fallado en el amor. Y así es, puesto que todo es cuestión de amor. Lo dice el mismo Jesucristo con palabras claras: Si alguno me ama, guardará mi palabra…El que no me ama no guarda mis palabras (Jn 14: 23–24). De ahí la bella expresión de San Juan de la Cruz: A la caída de la tarde de nuestra vida seremos examinados del amor. |
| Última actualización el Domingo, 20 de Septiembre de 2009 06:49 |



