Cervantes contra el mundo de la mentira... o de las utopías (I) Imprimir E-mail
Lunes, 14 de Septiembre de 2009 00:00

El propósito de Cervantes al escribir su obra inmortal parece suficientemente claro. Todo el mundo está de acuerdo en la existencia de un verdadero enconamiento de Cervantes contra los libros de caballerías, aunque ya son menos los que se preguntan por la razón del tal inquina. Y sin embargo es evidente que aquí hay mucho más que una mera desafección literaria. La crítica contra el tipo de literatura de la Caballería Andante es terriblemente dura a lo largo de toda la obra, y no es otro el objeto del libro. Donde hay que tener en cuenta además, como nota importante, la denuncia de las desastrosas consecuencias de esa literatura en las gentes nobles y sencillas:

 

…se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro; y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio… En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante…[1] 

 

Es imposible descartar la clara intención de Cervantes de no limitar a un caso aislado (como el de Alonso Quijano el Bueno) el peligro de incidir en la locura, o en la deshidratación del cerebro, provocado por esta clase de literatura. En el argot popular, actualmente en circulación en España, se suele hablar de comedura de coco. Un fenómeno mucho más extendido, y de consecuencias más desastrosas en el común del pueblo, de lo que se suele pensar. El problema de la manipulación de las masas, por parte de los que detentan el Poder mientras que se mantienen en la sombra, es justamente al que apuntaba Cervantes en su época.

 

Los Mentirosos y Engañabobos se integran en realidad en dos grupos, bien distintos y claramente definidos. Al primero pertenecen los que se mantienen en la sombra, cuyo ejemplo más claro y eficaz, e incluso probablemente único, es el de la Masonería. Al segundo pertenecen los ideólogos, de un lado, y los que realizan el papel de marionetas, de otro. Entre los utópicos pensadores podríamos citar, como ejemplos característicos, a Maritain y a Carlos Marx; aunque pertenezcan a campos tan opuestos como el de la creencia y el de la increencia (lo que no impide que, como dos grandes afluentes del mismo río, ambos acaben coincidiendo en el mismo lugar). Por otra parte, entre los que llevan a cabo el papel de marionetas o guiñolistas podemos citar, como casos muy esclarecedores, al Presidente Zapatero en España y al Presidente Obama en los Estados Unidos. 

 

Aunque en realidad son los que se ocultan en la sombra (los cerebros del Sistema) los que de hecho se sirven de unos y de otros para manejar a la gente. Por cierto que siempre suelen presentar, a quienes ellos utilizan como instrumentos visibles, como líderes carismáticos salvadores de la sociedad y aun de la humanidad entera.

 

Bien entendido que la manipulación de masas en el siglo XVI era pura broma si se la compara con la actual. En aquella época, el procedimiento del libro para extender y hacer creíbles las mentiras y las utopías (en realidad unas y otras son la misma cosa) apenas si podía tener eficacia. Los libros eran caros y escasos y tampoco abundaba la gente que sabía leer. En la actualidad, la técnica ha puesto al servicio de los Tiranos y de toda suerte de Embaucadores de masas procedimientos muy poderosos y terriblemente eficaces.

 

Cervantes apunta directamente contra las mentiras y falsedades de la literatura del tipo de la Caballería Andante, como causante al fin y al cabo de tan funestos resultados en el común de las gentes. No creo que se nos pueda acusar de extrapolar el problema si decimos que la artillería cervantina iba dirigida contra los libros de caballerías como tales; pero más aún y sobre todo contra el cúmulo de fantasías, falsedades y mentiras que contenían. Las cuales eran narradas como hechos reales y beneficiosos, a pesar de ser bien capaces de secar el cerebro de las gentes.

 

Si se examinan detenidamente, tanto el contenido como la ideología contenida en los libros de caballerías, se pueden dar por establecidas tres conclusiones:

 

Primera: Los hechos y aventuras narrados en ellos son tan fantásticos e irreales, además de disparatados, que pueden ser considerados con toda tranquilidad como absolutamente mentirosos.

 

Segunda: A pesar de lo cual son presentados como beneficiosos. Realizados por héroes y heroínas, valientes y generosos, que no pretenden otra cosa sino el bien de sus semejantes y el restablecimiento de la paz y de la justicia. Dicho de otra manera, persiguen enderezar los entuertos de los que está lleno el mundo, puesto que eso es lo que significa socorrer a los huérfanos, ayudar a los desvalidos (hoy se diría oprimidos por la clase burguesa), proteger a los pupilos y viudas, castigar a los malvados, restablecer la justicia, etc.

 

Tercera: Pese a la puesta en escena de un conjunto tan disparatado como irreal, los hechos y aventuras son presentados, no solamente como reales y posibles, sino como el mejor y único camino para lograr el restablecimiento de la justicia y la paz en la sociedad humana (hoy se hablaría del Nuevo Orden Mundial, de la Nueva Edad, etc.).  (Continuará)



[1]Quijote, I, 1.

Última actualización el Jueves, 17 de Septiembre de 2009 17:36