| Amar es estar enamorado |
|
|
| Escrito por Padre Alfonso Gálvez |
| Domingo, 02 de Agosto de 2009 19:42 |
|
Puesto que Dios es el Amor Sustancial o Infinito, desde que el hombre se volvió de espaldas a Él ha perdido de vista por completo el concepto del Amor; de manera que hasta el mismo vocablo se ha convertido hoy en la palabra solidaridad, la cual nadie ha explicado jamás lo que significa exactamente. Además el concepto se ha pervertido hasta la corrupción, y por eso se suele hoy decir lo de hacer el amor; una expresión que, si bien se mira, sonaría a blasfema si los hombres aún recordaran la idea del Amor. Como, por otra parte, el ser humano fue creado para amar y para ser amado, todo esto quiere decir que ha perdido también el sentido de su existencia.
Hoy día, hablarle a los cristianos del Amor de Dios, de que Dios los ama, o de la posibilidad de mantener una íntima y recíproca relación de amor con Él, es hablarles del alquitrabe.[1] Aunque sin embargo, todavía queda un resto de fieles que creen en el amor de Dios y en que son amados por Él. A propósito de lo cual, hay que tener en cuenta que no es lo mismo que el hombre sepa que Dios lo ama, simplemente, o que sepa que Dios está enamorado de él. Ambas cosas no son exactamente lo mismo. Si el hombre no está enamorado de Dios, incluso aunque lo ame de alguna manera, jamás pensará en la posibilidad de que Dios pueda estar enamorado de él. El hombre conoce de verdad - podría decirse experimentalmente - lo que es el amor divino solamente cuando él, a su vez, ha hecho también su opción por Dios y lo ama: Nosotros, que hemos creído, conocemos el amor que Dios nos tiene.[2] Una vez más aparecen la necesidad y la esencialidad de la reciprocidad en el concepto del amor. El hombre no puede saber lo que significa el hecho de ser amado por el Amor Sustancial, con el modo de amar propio de los enamorados, si él no corresponde a ese amor: Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es Amor.[3] De ninguna manera significa lo mismo para el hombre decir: Dios me ama, que decir: Dios está enamorado de mí. Las consecuencias de esos dos diferentes modos de conocimiento, tal como luego se traducen en los sentimientos y en la conducta del hombre, son también distintas. De ahí la situación actual. Es por eso por lo que la proclamación de la esposa de El Cantar de los Cantares, cuando exclama emocionada refiriéndose al Esposo: Béseme con besos de su boca, no le dice mucho al gélido cristianismo actual. Y lo mismo puede afirmarse de todo el libro de El Cantar de los Cantares. En realidad son aún muchos los creyentes que están convencidos de que Dios los ama, pero solamente los santos saben lo que significa estar enamorado de Dios. . . , y que Dios esté a su vez enamorado de ellos. Está claro, de todos modos, que enamorarse significa ser cautivado por la persona amada: Prendarse de amor de una persona. . . Y en efecto, porque prendarse significa también quedar prendido por la voluntad de otro. Como se ve, la idea del robo (o del apresamiento; en este caso de la voluntad de la otra persona) no está ausente en el concepto del amor. Lo que ocurre es que aquí se trata de un latrocinio consentido (y aun querido y deseado) por el que lo sufre. Como decía San Juan de la Cruz: ¿Por qué, pues has llagado//aqueste corazón, no le sanaste?//Y, pues me lo has robado,//¿por qué así lo dejaste//y no tomas el robo que robaste? El hombre enamorado se siente como secuestrado por la persona amada, y enteramente cautivo de ella. Hablando de la victoria final, dice San Pablo que no es que ya la haya alcanzado o que ya sea perfecto, sino que la persigo por ver si la alcanzo, 'por cuanto yo mismo he sido alcanzado por Cristo Jesús'.[4] Este robo, o secuestro, del que ha sido sujeto pasivo la misma persona amada, lejos de hacer que se sienta desgraciada, la llena por el contrario de felicidad. De nuevo hace acto de presencia la idea (fundamental en el amor) de ser objeto de posesión o pertenencia, que es precisamente lo primero que desea quien está verdaderamente enamorado. En este sentido, el Amor aparece aquí como un auténtico ladrón o secuestrador, que se apodera del corazón de la persona enamorada para entregarlo a la persona amada. Aunque quizá sería más exacto decir que lo que hace el Amor en realidad es inducir (o tal vez más bien seducir) al enamorado para que entregue rendida y voluntariamente su corazón a la persona amada. Llegadas las cosas a este punto, es indudable que el alma enamorada que se contemplara a sí misma como libre y sin dueño, se sentiría desgraciada: El día ya se aleja,//dulce jilguero de color trigueño//,y así otra vez nos deja,//como en amargo sueño,//a ti sin libertad y a mí sin dueño. (Extractado del libro Comentarios al Cantar de los Cantares, vol. I, pags. 64 y ss.) |
| Última actualización el Miércoles, 05 de Agosto de 2009 15:12 |



