Acerca del Perfecto Amor Imprimir E-mail
Lunes, 27 de Julio de 2009 00:00

El cristiano ama a los demás porque Jesucristo los ama, y es así como el verdadero amor a Dios conduce indefectiblemente al verdadero amor a los hombres. Sin olvidar tampoco que el amor del discípulo de Jesucristo a los demás no tiende meramente al cumplimiento de un mandamiento - el primero de los mandamientos -, dada la soberana libertad que es propia del amor. Existe, desde luego, un mandamiento que fundamenta y afianza todavía más ese amor (Jn 13:34). Pero el hecho de aceptar tal precepto por amor, que es el único modo como podría ser aceptado, lo convierte en algo absolutamente voluntario y libre.

 

Pero sobre todo el cristiano ama a los demás porque el amor es de por sí difusivo y sin límites. Puede decirse con toda verdad que quien ha aceptado el Evangelio ama a los demás ni más ni menos que porque ama. Como decía el Apóstol: Porque el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado (Rom 5:5). Pues siendo infinito el Amor, y no pudiendo ser contenido por lo tanto dentro de límite alguno, ni ser susceptible de peso o medida, tiende a derramarse, a verterse y a difundirse, tal como se derramaría el agua de un vaso en el que estuviera entrando de manera incesante. Aunque el amor humano, o el divino-humano, hayan sido sobrenaturalizados por la gracia siguen siendo amor participado. Claro está que al tratarse del amor, y del verdadero amor, ha de participar por lo tanto de las condiciones esenciales del amor. Ahora bien, el verdadero Amor, infinito por naturaleza - Dios es Amor -, no tiene punto de partida ni punto final; ni existen reglas que lo encaucen limitando la soberana libertad de su acción: El Espíritu sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va (Jn 3:8).

 

La mejor actitud que se puede adoptar, por lo tanto, con respecto al Amor Perfecto, es la de oír su voz y disponerse a recibirlo. Oír su voz a fin de escuchar y entender, hasta donde sea posible, sus palabras de amor. Puesto que se trata del Infinito Amor, no le es dado al hombre comprender jamás en profundidad de dónde viene ni a dónde va. No solamente en el sentido de que es imposible llegar al fondo de su verdadero origen, ni abarcar los límites hasta donde puede extenderse; sino que tampoco puede el hombre conocer en ningún momento las salidas y los caminos por los que puede discurrir el amor (Is 55:8). El lenguaje popular lo expresa en forma muy convincente cuando habla de por dónde puede salir, o también de adónde puede ir a parar. Es indudable que llegar a conocer lo que puede hacer el Amor, como tal Amor, supera en absoluto las capacidades de cualquier creatura.

 

(Del libro El Amigo Inoportuno, pags. 33 y ss.)

Última actualización el Martes, 28 de Julio de 2009 03:35