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Portugal, los Incendios y Fátima

Escrito por P. Alfonso Gálvez. Publicado en Escritos del P. Alfonso

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La Humanidad actual se ha acostumbrado a no llamar a las cosas por su nombre o a ocultar lo que resulta desagradable.

Disimular lo que resulta desagradable puede hacerse de dos modos: ocultando la verdad o fabricando falsedades. Aunque estas dos formas de distorsionar la realidad van generalmente unidas en estrecho connubio.

De todos modos a nadie debería extrañar esta situación, dado que todo parece indicar que asistimos a un momento histórico en el que el Padre de la Mentira está desplegando todo su poder.

De los dos procedimientos nombrados —ocultación de la verdad o su falsificación—, cada una de las dos Sociedades, la Civil y la Eclesiástica, ha mostrado distintamente sus preferencias por uno de los métodos:

La Sociedad Civil se ha decidido, como instrumento más práctico y suficiente, por la Ley del Silencio, sin que eso suponga descartar el uso del otro procedimiento cuando sea necesario.

La Sociedad Eclesiástica, en cambio, prefiere utilizar abiertamente el sistema de la Proclamación de la Mentira, después de haber comprobado que el conjunto de los fieles se halla ya suficientemente aborregado, sin capacidad de pensar y mucho menos de decidir. Es en este sentido, y sólo en este sentido, como puede decirse que la utilización del silencio tampoco anda lejos de ser ajena a quienes dirigen la Sociedad Eclesiástica.

Para la Sociedad Civil, el método del silencio, que también podría denominarse del disimulo, está resultando eminentemente práctico. No es que aquí se descarte la utilización de la mentira, como hemos dicho antes, pero evidentemente es el procedimiento de mayor uso. Íntimamente ligado a su vez con los sistemas de manipulación del lenguaje, que fueron inventados por el Modernismo y puestos en boga a lo grande por la misma Jerarquía de la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II.

Los resultados conseguidos son verdaderamente sorprendentes. Que Europa está siendo por completo islamizada es un hecho evidente para quien quiera verlo. Pero todo se debe, según se dice, a una legítima apertura a otras culturas con las cuales se da lugar a un enriquecimiento mutuo. Fue el señor Zapatero quien alumbró la luminosa idea de la Alianza de Civilizaciones, cuyos resultados están a la vista, además de regalar a la Humanidad con la teoría de que la tierra pertenece al viento. Todo lo cual podría hacerle recordar a cualquier desconsiderado lo que afirmaba el Salmo 73,22: Era como un necio y no lo sabía.

La moderna Sociedad ha conseguido malabarismos asombrosos en el manejo del lenguaje. Los atentados de terroristas islámicos son calificados como obra de grupos incontrolados, o en todo caso como realizados por psicópatas inconformistas. Las oleadas de musulmanes que llegan continuamente a Europa (se cuentan por millares cada día), entre los que existen gentes de todo pelaje y hasta multitud de terroristas camuflados, son acogidos como refugiados a los que conviene hacer partícipes de la propia cultura y enriquecerse con la suya.

Existen frases o expresiones cuyo solo hecho de ser pronunciadas puede acarrear multas o prisión. Como son, por ejemplo, la de terrorismo islámico o la de persecución sufrida actualmente por los cristianos. Esta última tiene lugar tanto en los países islámicos como en la propia Europa. Pero cualquiera que se atreviera a proferirlas necesitaría primero hacer alarde de valor: Pero, ¿cómo alguien puede achacar de terrorista a la religión de la paz? Y en cuanto a la persecución contra el Cristianismo, ¿pero en alguna parte existen cristianos perseguidos...?

Para entender este conjunto de ideas no hay sino imaginar una hipótesis disparatada: ¿Alguien conoce de algún lugar en el que sean perseguidos o maltratados los musulmanes?

Hemos dicho que existen realidades en la Sociedad actual sobre las que se ha extendido un riguroso manto de silencio. No existe de lo que no se habla y no se habla de lo que no existe. La inminente desaparición de Europa invadida por el Islam, la absoluta y total destrucción del Cristianismo con su inminente desaparición, la destrucción de todos los principios de raigambre cristiana que dieron forma a la Civilización Occidental, el Gobierno de las Naciones en manos de incompetentes o malvados manejados como títeres por la Masonería, la legitimación y exaltación de aberraciones que hasta ahora habían avergonzado a la Humanidad desde su creación, la destrucción de la familia, la corrupción de la infancia, la eliminación de la Enseñanza como medio de convertir en meros robots a las nuevas generaciones, la apostasía de la Iglesia y la traición de su Jerarquía...

Sin embargo las masas están suficientemente preparadas para guardar silencio. Nadie replica en un mundo donde impera El Silencio de los Corderos. Y los corderos, como las ovejas, son mansos y se dejan conducir sin protestar. Los Gobiernos masónicos pueden dedicarse impunemente a la sistemática destrucción de las Naciones..., ante el más absoluto silencio de los ciudadanos. La Jerarquía de la Iglesia, Cardenales, Obispos, teólogos y capitostes, realizan una admirable labor de burla de la Palabra de Dios, de propagación de doctrinas que muchos calificarían como herejías, de destrucción del culto y de ridiculizar a todo lo que antaño se revestía de dignidad en el Catolicismo... Cabe, no obstante, el recurso de imitar a Diógenes: ir con la linterna buscando, si no ya al Hombre, al menos a algún Cardenal, Obispo o teólogo dotados de la suficiente valentía para mantener la propia dignidad y defender la Fe.

Uno los casos más patentes y escandalosos de silencio que está ocurriendo en la actualidad es el de Portugal, sus terribles incendios..., y Fátima. A nadie se le ha ocurrido la posibilidad de que exista una relación que proporcione la clave de ciertos hechos. Bajo la advertencia, sin embargo, de que aquí no se dice que los incendios sean un castigo del Cielo por las profanaciones realizadas últimamente en Fátima. Lo cierto es que aquí se habla de una posibilidad. ¿Y quién goza de la suficiente autoridad para negar la posibilidad de tal posibilidad?

Téngase en cuenta lo ocurrido en la celebración del Centenario. Se ha desvirtuado y falsificado el Mensaje de la Virgen, se ha degradado y hasta ridiculizado a la Persona de la Madre de Dios, se han llevado a cabo cultos que nada tienen que ver con el verdadero culto a Dios que siempre ha practicado la Iglesia, se ha revestido de caracteres masónicos la Basílica, se han adornado con estandartes gay las columnatas del recinto exterior, y se ha llevado a cabo lo que cualquiera denominaría como una burla general a los auténticos devotos de la Virgen y a la verdadera Fe.

Es evidente que establecer una posible relación entre tales profanaciones y los incendios, aparte de lo que pueda ocurrir todavía, escandalizará a muchos. A los cuales sería útil recomendar que reflexionen en la necesidad que tendrían de demostrar que tal posibilidad es absurda y no puede darse. ¿Y por qué no podría darse? El Mundo moderno se ha acostumbrado a prescindir por completo de Dios. Pero la existencia de Dios no depende de que los hombres la admitan o la dejen de admitir. Y por otra parte, según advertía San Pablo, de Dios nadie se ríe. Se suele hablar de la infinita paciencia de Dios. Lo grave, y hasta peligroso, es que se desconoce por completo hasta donde puede llegar esa paciencia cuando se trata de insultos a su Madre.