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De la Gloria del Olivo (III)

Escrito por P. Alfonso Gálvez. Publicado en Escritos del P. Alfonso

 

El Mayor y Mejor guardado Secreto de la Iglesia Postconciliar

 (Tercera Parte)

 

 

3. De la Gloria del Olivo

Antes de comenzar el comentario al lema De la Gloria del Olivo, contenido en la Profecía de San Malaquías y referido al Papa Benedicto XVI según la enumeración allí contenida, conviene tener en cuenta que el lenguaje profético no se ha hecho para que lo entienda todo el mundo. Incluso puede suceder, cosa que parece normal dentro de lo que significa el carisma de profecía, que haya sido formulado para ser entendido por muy pocos o incluso por nadie, a pesar de que está ahí y bien patente a veces: A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; pero a los demás, sólo a través de parábolas, de modo que viendo no vean y oyendo no entiendan.[1] Las profecías de Jesucristo acerca del fin del mundo son claras y enteramente inteligibles, y las señales de las que en ellas se habla tienen poco de misterioso y sí mucho de clamorosas y de patéticas: a pesar de lo cual no serán reconocidas prácticamente por nadie. Pero incluso esto último también está anunciado que sucederá así.

A veces Jesucristo habla proféticamente con la expresa intención de que lo entienda quien pueda. Algo así como si se dijera, quien pueda cogerlo, que lo coja. De tal manera que se sobreentiende que puede haber alguien que comprenda su significado, aunque es posible también que nadie alcance a entenderlo: Cuando veáis la abominación de la desolación, que predijo el profeta Daniel, erigida en el lugar santo ---quien lea, entienda---...[2] La profecía está ahí, si acaso alguien logra comprenderla, si bien se da la circunstancia de que, al menos hasta ahora, nadie ha conseguido saber a ciencia cierta acerca de lo que consiste la abominación de la desolación sentándose en el lugar santo. Y sin embargo ha sido pronunciada para que los discípulos conozcan que, cuando se produzca tal circunstancia, es que ha llegado el momento del Final de la Historia de la Humanidad.

 

Vistas así las cosas, parece razonable pensar que el profeta no habla por hablar. Como si lo hiciera a sabiendas de que su anuncio carecería de utilidad en cuanto que no iba a ser entendido por nadie. Pero tratándose de cosas serias, como efectivamente es el caso, no es admisible tal consideración y menos todavía cuando se refieren al mismo Jesucristo. Por eso es de suponer que está en la mente del profeta que sus palabras siempre serán entendidas por algunos, los cuales es posible que no pasen de ser una ínfima minoría ---tal vez los elegidos, o una parte de los elegidos---. Quienes, a su vez, tampoco seguramente serán creídos por nadie.

La Profecía de San Malaquías ---no debe olvidarse su carácter de revelación privada--- posee todas las apariencias de pertenecer a este último género. Todo parece indicar que los lemas que hablan de la persona y la obra de cada uno de los Papas, o de los acontecimientos de su entorno y de su época, están ahí, a fin de proporcionar una clave para quien logre desentrañar su significado.

Aquí no nos pronunciamos a su favor ni tampoco los rechazamos, por más que no dejamos de reconocer su carácter inquietante y misterioso. Es una realidad que en no pocos de ellos, después de haber sido examinados minuciosamente, se ha logrado efectivamente establecer una clara concordancia entre el lema y su personaje correspondiente.

Una vez aclarada la cuestión vamos a estudiar el correspondiente al Papa Benedicto XVI. Cuyo lema reza precisamente así: De Gloria Olivæ, en lengua latina. De la Gloria del Olivo, en lengua vulgar.

Para formular inmediatamente la pregunta obligada: ¿Es razonable creer que el lema contiene algún significado, más o menos claro, cuyo sentido parezca convenir al Pontificado de Benedicto XVI?

Por nuestra parte, nos sentimos inclinados a pensar que la respuesta es afirmativa. Existe una serie de circunstancias históricas que parecen convenir al lema profético aplicado al reinado de Benedicto XVI.

Intentaremos examinarlo más detenidamente, aun dentro de la brevedad.

 

¿Es posible hallar alguna relación entre el Papa Benedicto XVI ---o entre su Pontificado y momento histórico--- y el lema De la Gloria del Olivo que le atribuye la Profecía?

Y la respuesta, como cualquiera puede comprender, no parece fácil. Y hasta no faltará quien se sienta impulsado a pensar que, en realidad, no existe ninguna.

Ha de tenerse en cuenta, sin embargo, que el género profético, como se ha dicho arriba, es por naturaleza ambiguo y arcano. Por lo que una respuesta afirmativa ---caso de que exista alguna--- no puede ser considerada como absolutamente segura. E incluso aunque alguien creyera efectivamente haberla encontrado, nunca podría pretender imponerla con carácter definitivo.

Es importante notar también que toda profecía, de ser auténtica, pertenece por naturaleza al orden de lo sobrenatural. Por lo que sería vano intentar desentrañarla mediante medios puramente naturales. Lo que no obsta para que algunos de ellos, como pueden ser el estudio y la investigación histórica realizados con seriedad, no solamente pueden ser considerados útiles para nuestro caso, sino incluso necesarios. Pero nunca enteramente suficientes. Y ni siquiera, por las razones anteriormente dichas, como los más importantes para el estudio que aquí se pretende llevar a cabo.

Además de lo cual, dado el orden sobrenatural en el que aquí nos movemos, también hace falta la oración.

Cosa esta última que restringe todavía más, no tanto el campo y las posibilidades de esta investigación, sino sus posibles resultados. Puesto que no todo el mundo practica la oración, ni tampoco es muy general la fe en su efectividad.

Y dado que esta Profecía ---vamos a partir de la hipótesis de considerarla como tal--- se refiere indirectamente a Jesucristo, y ya más directamente al outpost, o puesto avanzado de su Reino en la Tierra ---la Iglesia---, parece lo más adecuado y lógico acudir a los Evangelios, con la esperanza de encontrar en ellos alguna clave que proporcione pistas a nuestra investigación.

Pero si se examina el lema con detenimiento, se observa en él la presencia de dos sustantivos. Que además, por estar incluidos en la misma frase, es evidente que debe existir una relación entre ambos.

Uno de ellos---Olivo---, parece realizar la función principal en la declaración (pues es a él es donde primeramente se dirige la atención); mientras que el segundo ---Gloria---, realiza más bien un papel de calificación con respecto al primero. En definitiva, algo así como si el lema viniera a decir: el Olivo que resplandece en su Gloria.

Pero el único lugar donde se hace mención del Olivo en los Evangelios se refiere al transcendental episodio de la Agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos (Mt 26; Mc 14; Lc 22). Algunos hablan del Huerto o Jardín de Getsemaní, ubicado en la base del Monte de los Olivos. De todas formas no cabe duda de que el histórico acontecimiento al que nos referimos, decisivo para la Historia de toda la Humanidad, tuvo lugar en el Monte de los Olivos.

Los sucesos que allí se desarrollaron, a continuación de la Celebración de la Última Cena con los Discípulos y en la Noche de la víspera de la Pasión, son bien conocidos aunque nunca suficientemente profundizados. Intentaremos esbozar un resumen de los hechos para luego tratar de extraer consecuencias.

El Huerto de los Olivos representa el cenit, o punto culminante, del fracaso humano de Jesucristo. El lugar en el que, concentradas sobre su Persona las incontables miserias de toda la Humanidad, sufrió un paroxismo imposible de ser captado por el entendimiento humano, capaz de conducirle a tan profunda angustia como para provocar en Él un espontáneo derramamiento de sangre a través de los poros de su Cuerpo. Como lo atestiguan claramente los Evangelios.

El lugar que presenció tales angustias y sufrimientos, imposibles de ser descritos por el lenguaje de los hombres ni comprendidos por su entendimiento, es el mismo que presenció el ---¿aparente?--- triunfo definitivo del Mal sobre Dios. La escena inicial del filme de Mel Gibson La Pasión de Cristo lo refleja con aceptable seriedad, dentro de lo posible. Aquella histórica Noche, los Olivos del Huerto fueron testigos de lo que parecía señalar la Victoria Final de Satanás sobre el Hijo de Dios hecho Hombre. En este sentido, hablar de la Gloria del Olivo, no puede ser tomado de otra manera que respetuosamente seria.

¿El Triunfo Supremo del Mal frente al Bien y sobre el Plan Amoroso de Dios sobre los hombres? ¿La victoria de la Incredulidad ante la Fe? Al menos en aquella Noche, todo hubiera parecido indicar que sí. Por eso, lo que vamos a decir a continuación acerca del contorno histórico de un Pontificado, no va a resultar agradable para muchos y sí inquietante para todos.

 

Con respecto a los tremendos acontecimientos que tuvieron lugar en la Noche del Huerto de los Olivos, habíamos insinuado aunque sin darlo como seguro, que el Triunfo de Satanás sobre Jesucristo en aquellos cruciales momentos fue meramente aparente. Pero se trataba simplemente de un recurso literario con objeto de introducir el tema, puesto que, en realidad, la Victoria del Gran Enemigo sobre el Hijo de Dios hecho Hombre fue entonces absolutamente real.

Es cierto, sin embargo, que fue un Triunfo transitorio, por más que Satanás, envuelto en las redes de su propia Mentira, estaba convencido de que había sido definitivo. No descubrió su error ---decisivo e incalificable error--- hasta el momento en que Jesús exhaló en la Cruz su último aliento. Fue ahí donde, al fin y cuando ya no había remedio, Satanás se dio cuenta de la insondable profundidad de su equivocación (1 Cor 2:8). Resulta curioso comprobar que los mentirosos acaban siempre creyendo sus propias mentiras, según una regla que habría de cumplirse en grado sumo en el Padre de todas ellas; y de ahí que él mismo acabara siendo, a su vez, el Padre de todos los Engañados (Jn 8:44).

Pero el Triunfo del Gran Enemigo sobre Jesucristo en aquella terrible Noche no tuvo nada de aparente. Todo lo contrario, puesto que fue enteramente real. Una Victoria que ya había tenido su origen en tiempos demasiado remotos cuando, disfrazado de Serpiente, el Enemigo de Dios y del hombre consiguió engañar a los Primeros Padres de la Humanidad. Aunque ahora, por fin, después de milenios, lograba su consumación. La Noche del Huerto de los Olivos fue, por lo tanto, el momento de la Gloria de Satanás ---la Gloria del Olivo, o la que tuvo lugar en el llamado Huerto de los Olivos--- frente a lo que entonces se presentaba ---y lo era--- como el fracaso total de la Misión que había venido a realizar el Hijo del Hombre.

El horror de lo que supuso aquella Noche para Jesucristo jamás podrá ser comprendido en profundidad por los hombres. Porque, efectivamente, fue un horror saturado de realidad.

Como fue real la Angustia de Jesucristo: hasta la muerte, según sus propias palabras. Y lo mismo puede decirse del sudor de sangre; del abismo insondable de lo que hubieron de significar las Tentaciones a las que se vio sometido; de la Oscuridad indescriptible de la Noche de su Alma en la que Él ---Inocente entre los inocentes--- se vio cargado con las miserias y pecados de toda la Humanidad; de la congoja infinita de sentirse abandonado de su Padre, y hasta como calificado de culpable...

En aquella terrible Noche, de haber sido la Gloria a la que se vio encumbrado Satanás solamente aparente..., los horrores que destrozaron el Alma de Jesucristo hubieran sido también meramente aparentes. Es imposible desconocer la relación de lo uno con lo otro.

Es tan cierta esta doctrina como que Jesucristo ---verdadero Hombre al fin--- hubiera estado dispuesto a rechazar tales angustias: Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz...

En la vida de todo hombre, y con mayor razón si es cristiano, ocurren momentos de terrible oscuridad, en los que se siente abandonado y donde todo parece perdido ---las Noches del Espíritu, de las que hablaban los místicos---. En tales situaciones, la intensidad de la Fe no puede disipar el sentimiento del abandono por parte de Dios, del oscurecimiento hasta el paroxismo de la misma idea de Dios, del convencimiento de la inutilidad de la propia existencia y de la falta de sentido de todas las cosas..., o dicho en pocas palabras: del fracaso total.

Jesucristo ---verdadero Hombre también, no lo olvidemos--- vivió en aquella Noche tales sentimientos hasta un grado cuyo conocimiento nos sobrepasa a los humanos. Resulta interesante señalar que el Pueblo Cristiano, y hasta la misma Doctrina, han sido siempre víctimas de la tendencia a insistir más en la Naturaleza Divina de Jesucristo que en su Naturaleza Humana. Aunque parezca increíble, parece más fácil creer en sus milagros que en sus sufrimientos. Y sin embargo, no es precisamente a través de tales prodigios y hechos espectaculares, sino del dolor y de la sangre, como Jesucristo va a parecerse a nosotros y a hacerse uno de nosotros. Como decía la Carta a los Hebreos, sin derramamiento de sangre no hay remisión.[3]

¿Y qué relación guarda todo esto con el lema De la Gloria del Olivo, aplicado por la profecía de San Malaquías al momento histórico del Pontificado de Benedicto XVI?

Para quien así quiera verlo, tal relación no es difícil de comprender: un absoluto paralelismo que sobrepasa los límites de lo inquietante para cualquiera que, poseyendo buena voluntad, sea capaz de entender.

Pues nunca la Iglesia, a lo largo de toda su Historia, había sufrido una crisis tan profunda y peligrosa como la sufrida hasta ese Pontificado (que habría de alcanzar su culminación final con el de Pedro Romano). Momento en el que ---pese a todos los falsarios y engañadores de la Propaganda del Sistema--- hasta podría parecer que está a punto de desaparecer.[4] Incluso la gran crisis arriana (siglo IV), en modo alguno tuvo nada que ver con la totalidad de la Fe; o en todo caso, a lo más, con ciertos aspectos que afectaban a la recta doctrina (dogma, herejía). No así la crisis actual, en la que ya no se trata de tales o cuales aspectos de la Fe, sino de la existencia y sentido de la misma Fe. En la terrible Noche a que se ha visto sometida, la Iglesia tendría razones para dudar de su propia subsistencia (son muchos, incluso dentro de Ella misma, los que ya la dan por desaparecida), puesto que está viviendo momentos de Angustia como jamás los había experimentado. Otra nueva Noche del Huerto de los Olivos que se está traduciendo en otra Noche de Gloria para Satanás.

(Continuará)


[1] Lc 8:10.

[2] Mt 24:15.

[3] Heb 9:22.

[4] El aparato de Propaganda, referente a la Iglesia, que los Poderes pusieron en marcha, a partir del Concilio Vaticano II (casi siempre para perjudicarla e influir en las deliberaciones), ha sido impresionante y único hasta ahora en la Historia.