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P. Alfonso
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Homilía 14 de mayo de 2017

Escrito por P. Alfonso Gálvez el .

Cuarto Domingo de Pascua

"Sólo en Cristo está la verdad"

(Jn 16: 5-14)

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Homilía 30 de abril de 2017

Escrito por P. Alfonso Gálvez el .

Segundo Domingo de Pascua

"La locura de la cruz"

(1 Cor 1: 17-19)

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La violencia legítima

Escrito por P. Alfonso Gálvez el .

 

El Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan

 

 La Palabra de Dios es espíritu y vida. Tal como lo dijo el mismo Jesucristo hablando de Sí mismo: Las palabras que os hablo son Espíritu y son vida.[1] Pero por eso mismo son profundas, y como vivas que son, se actualizan siempre. Nada tiene de extraño, por lo tanto, que el hombre sea capaz de bucear en ellas y enriquecerse espiritualmente, pero sin poder pretender que ha logrado agotar su sentido.

 Un ejemplo esclarecedor —uno entre tantos— lo tenemos en las siguientes palabras del Maestro:

 El Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.[2]

 Es evidente que tales palabras, como todas las de Jesucristo, contienen un abismo de doctrina. Pero de todas formas dejan tras de sí un hálito de misterio (que no es otra cosa que la misma profundidad del contenido revelado), ¿y quién ha logrado hasta ahora, después de tantos siglos, desentrañar todo el inagotable y hasta misterioso significado de tales palabras?

 A no ser que alguien se tome en serio las palabras del nuevo Padre General de los Jesuitas, según el cual Jesucristo debe ser reinterpretado. Pero los chistes deben ser relegados a su lugar y a su momento propio, y desde luego no valen para dar solución a las cuestiones serias.

Los adoradores del dios Mammón (I)

Escrito por P. Alfonso Gálvez el .

  

No podéis servir a Dios y a las riquezas

 Cuando los hombres se niegan a adorar a Dios comienzan inmediatamente a adorar a los ídolos. Y quizá el más importante de todos ellos es el dios Mammón, que es el que personifica las riquezas y las cosas de este mundo.

 Y la idolatría, como cualquier pecado, aunque éste de un modo especial, supone el más espantoso de los ridículos. Y la razón es bien sencilla. El culto al ídolo exige arrodillarse ante él. De un modo u otro, pero al fin y al cabo arrodillarse. Y cuando se tributa al ídolo adoración absoluta, como sucede en ciertos cultos y con bastante frecuencia dentro de este ámbito, la adoración también incluye arrodillarse hasta tocar con la cabeza en el suelo. Lo cual exige, cuando esto tiene lugar, lo que algún benevolente calificaría como actitud predispuesta a que se vea el plumero, y otros peor intencionados calificarían como poses en las que es necesario alzar la parte posterior.

 Pero que nadie, sin embargo, cometa el error de limitar el significado de riquezas a lo que ordinariamente se entiende por dinero, puesto que el término abarca en realidad a todo lo que el mundo ofrece al hombre como aliciente para apartarlo de Dios. Por supuesto que los cristianos han acabado por desestimar el problema archivándolo en el arcón de los recuerdos. Las palabras de Jesucristo, tan claramente terminantes, ni siquiera han tenido la suerte de pasar al olvido, sino todo lo más al cubo de la basura: No podéis servir a Dios y a las riquezas[1]. Y lo mismo ha sucedido con las no menos esclarecedoras del Apóstol Santiago: ¡Adúlteros! ¿No sabéis que la amistad con este mundo supone la enemistad con Dios? Quien desee hacerse amigo de este mundo se hace enemigo de Dios.[2]

Homilía 13 de abril de 2017

Escrito por P. Alfonso Gálvez el .

Día de Jueves Santo

"Ofensiva contra la Iglesia"

(Jn 13: 1-15)

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Homilía 2 de abril de 2017

Escrito por P. Alfonso Gálvez el .

Homilía 2 de abril de 2017

"Domingo de Pasión"

(Jn 8: 45-59)

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"Sermones para un Mundo en Ocaso"

Escrito por P. Alfonso Gálvez el .

sermones

 Nuevo libro del P. Alfonso Gálvez

(Puede descargarlo en pdf cliqueando en la foto, o adquirir una copia en Amazon)

Reseña del libro 

El libro se presenta como un conjunto de sermones, escritos sobre la base de algunas homilías pronunciadas, en principio, para un público bien intencionado. Pero en realidad lo que se ha conseguido es una serie de meditaciones muy profundas dirigidas a los hombres de una Iglesia y un mundo "en ocaso", esto es, en tiempos que el autor ha descrito como de "la gran apostasía" y de una "Iglesia catacumbal", en un momento de "invierno eclesial", donde aparece casi naturalmente la pregunta sobre el final de los tiempos. Situación que presenta, ya desde el inicio, una aporía: ¿Tiene sentido predicar en tal medio ambiente, donde nadie parece tener intención de escuchar, o van a estar prontos a rechazar el mensaje? Sin embargo, no importa que, aparentemente, el intento pueda parecer inútil, pues el verdadero predicador cristiano sabe que es depositario de una misión, de un mandato, recibido del mismo Señor; y es consciente del efecto "devastador" de la misma Palabra de Dios, más allá de la disposición de los oyentes a la que va dirigida.

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