Libro La Oración
     

 

Reseña

La Teología Espiritual cristiana tiene como uno de sus temas fundamentales y más propios, el tratado sobre la oración. En su esencia, la oración es un diálogo entre Dios y el hombre, y surge “de la necesidad que Dios ha querido sentir de hablar con nosotros y de la que nosotros sentimos de hablar con Dios.” Y hunde sus raíces en el Misterio de la Encarnación, Dios hecho hombre, y en el mandato de Cristo dado a todos sus discípulos: “orad para no caer en tentación”. Los grandes maestros de la vida espiritual –Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, San Pedro de Alcántara, etc.,- así como los teólogos que van desde los Santos Padres de la Antigüedad hasta la Edad Media, -San Juan Damasceno, San Agustín, San Bernardo, San Buenaventura, Santo Tomás de Aquino, etc.- no han dejado de ofrecer directa o indirectamente sus grandes intuiciones sobre el método para hacer realidad ese diálogo entre Dios y el hombre. Obras como Las Moradas (Santa Teresa de Jesús), Itinerario de la Mente hacia Dios o Soliloquios (San Buenaventura), Tratado sobre la Oración (San Pedro de Alcántara) y el conocido método ignaciano, por citar sólo algunas de las más representativas, han sido lugares comunes para aquéllos que han querido iniciarse en la vida de amistad con Dios. El libro que estamos reseñando no se presenta como un tratado, sino como “un pequeño vademécum que puede servir para recordar ideas que ya se conocen”. Sin embargo, la novedad original que presenta el autor radica en una cuestión de fondo teológica que tiene sus grandes repercusiones en la teología pastoral y en la capacidad de convencer al hombre de la necesidad que tiene de orar. Mientras que la tendencia general de la Teología Espiritual sobre la oración se centra en la realidad del alma y en una declarada “sospecha contra la materia”, por influencia del platonismo que les llevó entre otras cosas a la aniquilación de los sentidos y a la instrumentalización de la naturaleza humana de Cristo (véase el trascendental capítulo de la obra del mismo autor, Comentarios al Cantar de los Cantares , vol. I, “De la Contemplación y de la Humanidad del Señor”, págs. 347-386), la presente obra tiene como sustrato la insustituible realidad de que el hombre que habla con Dios es una persona, con su alma y con su cuerpo, pero persona humana. Y la teoría del Amor y de la Persona que abiertamente se expone en su obra de los Comentarios al Cantar de los Cantares , -el amor es una realidad eminentemente personal y sin pluralidad de personas no hay amor-, aleja de la teología y de la práctica cristiana toda sombra de platonismo, y cualquier sospecha contra la materia. Es la persona humana la que ama, con su alma y con su cuerpo, a un Dios que por ser Amor es Trinidad de Personas. Y en este sentido, los capítulos iniciales, cuyo título son “Fundamentos” y “El Diálogo Divino-Humano y la Comunicación entre los Hombres” y el capítulo final “Por los Senderos de la Contemplación”, marcan lo específico de la reflexión de A. Gálvez sobre la oración cristiana al establecer las raíces de ella en el Misterio Trinitario, el Diálogo eterno del Padre y del Hijo en la expiración del Espíritu Santo, y en el Misterio de Cristo, cuya naturaleza humana asumida en la realidad de la Persona divina no es en modo alguno ningún instrumento para que el hombre llegue a Dios sino realidad inmediata: “Felipe, quién me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Publicado por Shoreless Lake Press, New Jersey, 2002, 114 págs. .